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Por Sébastien Boussois, Doctor en Ciencias Políticas

De manera egoísta y presuntuosa hemos pensado también en la violencia del mundo mantenida en gran medida a distancia, reservada para otras latitudes lejanas, para otros pueblos “acostumbrados” a la violencia, para otras tragedias. ¡Para otros pero no para nosotros! Y luego, finalmente, el odio y la sangre se instalaron en nuestras casas, en el corazón de la vida nocturna, alrededor de una terraza o en un concierto, en la risa y el alcohol, en la música y las palabras, en la juventud y su despreocupación…