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Empresas. El despido del director general de las ediciones de Grasset, Olivier Nora, provocó una protesta nacional y muchos escritores de esta casa anunciaron que ya no se publicarían allí. Situación sin precedentes: parte de su obra pertenece ahora a un editor al que acusan de destruir el pluralismo ilustrado que, según ellos, caracterizaba al ex líder de Grasset. ¿Podríamos evitar una trampa así en el futuro?

Se propuso introducir una cláusula de conciencia en los contratos de edición que permitiría al autor, en caso de conflicto moral o ideológico con su editor, recuperar los derechos transferidos a este último. Sin embargo, esta solución plantea problemas jurídicos espinosos y, en cambio, podríamos pedir a todos los editores que adopten el estatuto de “sociedad misionera”. Este modelo de empresa tendría la ventaja para los autores de solicitar la inclusión en el estatuto del editor de los valores que éste se compromete a defender.

El derecho editorial presenta un aspecto paradójico: si la creación de una editorial es completamente gratuita, el contrato de edición está estrictamente regulado. Las “editoriales” son, por tanto, salvo excepciones, empresas como las demás: sociedades de derecho privado, que van desde pymes familiares hasta holdings que controlan varias ediciones muy diferentes. Esto significa que el despido de un directivo es una prerrogativa ordinaria de los accionistas. En cuanto a los autores, al no ser empleados ni accionistas, no están influenciados por la dirección de la editorial.

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La ley, sin embargo, regula estrictamente el “contrato de edición”: el autor concede al editor, pagando una tarifa, el derecho de reproducir y distribuir su obra. A cambio, este último debe comprometerse a publicar la obra, a darla a conocer, a distribuirla… El contrato de edición tiende a proteger al autor, pero no le confiere ningún derecho sobre las demás actividades del editor: como, por ejemplo, la de impugnar a otros autores… Este marco jurídico, por tanto, no facilita el establecimiento de una cláusula de conciencia. Sin embargo, es posible otra ruta.

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