de Riccione
Nunca hubo ningún hombre más… presagio. Corría el año 1996 cuando Rai empezó a emitir una nueva serie (llámela telenovela, si lo prefiere) y alguien tuvo un destello de genialidad. Lo llamaron Un lugar en el sol y esa elección nunca ha sido más apropiada porque este programa, una posición de absoluto privilegio, verdaderamente lo ha merecido.
El debut se produjo el 21 de octubre de un año en el que aún no se conocía Internet, los mensajes de texto, las conexiones diversas y los teléfonos móviles parecían transceptores extraterrestres. Hoy estamos en el episodio 6.990 – recuento actualizado al 10 de julio treinta años después – y “Italian World Series”, el programa dedicado a las series de televisión apoyado por Lucia Borgonzoni, subsecretaria del Ministerio de Cultura, organizó una fiesta a la que todo Riccione se unió con entusiasmo.
El portero Raffaele (Patrizio Rispo), la trabajadora social (Marina Tagliaferri) – y sólo Dios sabe cuánta necesidad hay -, la ignorante Rosa (Daniela Ioia), la segunda esposa de Guido (Antonella Prisco) y el chef del Caffè Vulcano (Samuele Cavallo) estuvieron entre los numerosos actores que desearon el éxito del programa transmitido por Rai3 y RaiPlay. Uno de los pocos que recuerda casi un levantamiento general cuando se mencionó la propuesta de modificar el horario. Y se quedó donde estaba. Es imposible nombrar a todos porque ha habido muchas participaciones famosas, una especialmente la de Whoopi Goldberg, pero la lista es larga.
Naturalmente, la palabra prohibida es “spoiler”, por lo que no entraremos en detalles de los acontecimientos que se esperan en el Palazzo Palladini y sus alrededores, aunque muchos, en busca de un adelanto, rodearon el podio por donde desfilaban sus favoritos.
En definitiva, una catarsis colectiva en la que cada actor más o menos quería que todos “se encontraran aquí dentro de 30 años”.
porque, además del resto, sería un récord que Un lugar en el sol se robaría a sí mismo al ser el serial de mayor duración. De nada sirve gastar palabras en autógrafos y selfies, el del estadio Ceccarini fue la mitad de la fiesta italiana.