NAIROBI – El Sahel sigue inmerso en la crisis de inestabilidad de sus gobiernos, con los últimos atentados de la maxi-ofensiva de yihadistas y rebeldes en Mali y el ataque de Al-Qaeda al aeropuerto de Niamey. Hoy, la amenaza que vuelve a flotar, de forma cíclica, sobre su balanza: la llegada de El Niño, el fenómeno climático que provoca un aumento de las temperaturas y amenaza la ya frágil seguridad alimentaria de las economías africanas.
Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la ola de calor dejó un saldo de 60 millones de personas afectadas y llamamientos humanitarios por valor de 5.000 millones de dólares en 23 países sólo en 2015-2016. Sus efectos se repitieron en 2023-2024 y podrían repetirse pronto, afectando a las regiones más vulnerables a sus impactos económicos y sociales a largo plazo.
El Sahel encabeza la lista elaborada por la FAO, en una combinación desfavorable de factores entre la inseguridad alimentaria “que se agrava desde hace cinco años consecutivos” y los conflictos que continúan “dispersando poblaciones” y perjudicando a “comunidades vulnerables”.
El impacto sobre los rendimientos agrícolas y la espiral saheliana
El impacto de El Niño se cierne sobre todo el continente, con un shock capaz de repercutir desde la producción de cacao de África occidental hasta la alarma de sequía que amenaza la región sur entre Botswana, Namibia, Sudáfrica, Zambia y Zimbabwe. El Sahel “es una de las regiones más frágiles del mundo” frente a la crisis climática, explica Alberto Bigi, de la FAO, destacando algunas de sus vulnerabilidades ambientales y socioeconómicas más insidiosas: desde el aumento de las temperaturas de 1,5 grados por encima de la media mundial hasta las precipitaciones ya insuficientes y “cada vez más irregulares”, dos factores que pesan aún más en un escenario ya caracterizado por crisis de inestabilidad y desplazamientos atribuidos al círculo vicioso de más de una década. de la aparición yihadista y el ascenso de juntas militares en medio de golpes de Estado en Mali (2020, 2021), Burkina Faso (2022) y Níger (2023).