Está de regreso en la Casa de Windsor tras la inesperada y de última hora retirada de la oferta de alojamiento en el Palacio de Buckingham hecha por el rey Carlos III a su segundo hijo, el rebelde príncipe Harry, esperado esta semana en el Reino Unido para una visita de cinco días. Oferta revocada repentinamente por el tribunal en respuesta al anuncio por el que, apenas media hora antes, un portavoz del duque de Sussex había anunciado en su nombre que la invitación había sido “aceptada”. Un paso atrás que a los ojos de Harry y de quienes lo rodean tiene el sabor de un frío insulto. Si no es un intento deliberado del aparato palaciego –el objetivo de los cadetes en el pasado– de sabotear la “reconciliación” entre padre e hijo. El duque “no residirá en el Palacio de Buckingham”, anunciaron a última hora algunas fuentes reales, atribuyendo este cambio de opinión a una aprobación tardía del “duque y su equipo”. Y afirmando que los preparativos habrían requerido “un mínimo de aviso”. Justificaciones a las que Harry y sus seguidores se niegan a dar crédito, respondiendo con una nota seca y polémica en la que se señala que la invitación “fue retirada en el último momento”.
Y esta forma de hacer las cosas se califica de “decepcionante”. Los medios británicos, en gran medida hostiles a los Sussex tras la traumática ruptura de Harry con el resto de la familia real que lo llevó a mudarse a Estados Unidos con su esposa Meghan en 2020, en realidad están alimentando las dudas. Dejándonos entender que una parte de la Casa Real puede no haber tomado bien la decisión del príncipe de cancelar la participación – inicialmente prevista – de Meghan y sus hijos Archie y Lilibet en la parte londinense de la visita: una elección ligada a los temores por la seguridad de su familia suscitados por el hermano menor del heredero al trono Guillermo tras la confirmación del no a la concesión de una escolta pública ad hoc.
Una decisión que deja abierta una luz de esperanza para un posible reencuentro sólo durante la segunda etapa de la visita, prevista en Birmingham, con motivo de un evento de presentación de la edición de 2027 de los Invictus Games, juegos deportivos para soldados discapacitados de los que Harry, un veterano de Afganistán, es el padrino. Y que descarta también la posibilidad de un reencuentro con Carlos extendido a sus nietos: nunca más visto en persona desde 2022 por el soberano de 77 años, que todavía lucha con el tratamiento de un cáncer no especificado, fecha del único viaje familiar de los Sussex desde Estados Unidos al Reino. Otra interpretación del psicodrama se refiere a la sentencia que cerrará el martes, día de la llegada de Harry a Londres, el proceso iniciado por el príncipe junto con otras figuras públicas – después de juicios anteriores ganados contra ciertos tabloides – contra la editorial del Daily Mail: un periódico símbolo de la derecha populista de la isla acusado de haber interceptado y espiado ilegalmente durante años a numerosas personalidades, entre ellas el hijo menor del rey y la difunta Lady Diana. Un acontecimiento de gran impacto en la opinión pública cuyo eco, según algunos asesores reales citados por la BBC, podría en cierto modo poner en duda la “neutralidad constitucional” de Carlos como jefe de Estado, si su hijo – la “parte ofendida” del procedimiento – estuviera en el momento clave como invitado en la residencia oficial de la monarquía. Esta explicación también fue rechazada por el equipo del duque de Sussex, de 41 años, con una fría referencia a que, en realidad, la fecha del veredicto ya era conocida. Anteriormente, esta invitación fue publicada y luego cancelada de un plumazo.
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