Se trata de una disputa entre un profesor de deportes y su director general que podría sentar un precedente en el mundo laboral. El 13 de noviembre, el Tribunal de Casación dictaminó que llamar “bastardo” a su director no justificaba el despido.
El caso, denunciado por Le Figaro, se remonta a 2020 y se refiere a un preparador físico de un equipo de fútbol. Destinado al centro deportivo a pesar de que su contrato prevé trabajar con el primer equipo, el preparador atlético insultó a su director, evocando “comportamientos que yo definiría como ‘bastardos'”, y amenazándolos con referencia a la ley de represalias. En respuesta, el empresario procedió a la rescisión anticipada del contrato de duración determinada de su empleado por negligencia grave.
Las faltas graves no se caracterizan.
Siguió una batalla judicial ante el tribunal laboral, emprendida y ganada por el preparador físico, y luego ante el tribunal de apelación, que nuevamente falló a favor del demandante.
El empresario recurrió entonces ante el Tribunal de Casación, el último recurso del órgano judicial. En el fallo del 13 de noviembre cree que si los comentarios ofensivos del preparador físico son “excesivo”, Sin embargo, no constituyen falta grave porque están dirigidas únicamente al Director General y no han sido difundidas más allá de dicha dirección. Según la justicia, ésta es, por tanto, la causa de una falta grave que no puede justificarse en este caso.
El instituto también cree que la gravedad de la declaración ofensiva depende del “contexto en el que se produce” y de si causó o no perturbaciones a la empresa.
Como explica la abogada especialista en derecho social Anne-Lise Castell-Barnel, “estos hechos constituían una falta pero, teniendo en cuenta el contexto, no podían caracterizar una falta grave por parte del empleado. Pero en este caso, dado que el empleado tenía un contrato de duración determinada, el despido sin culpa grave fue abusivo”. Por tanto, el Tribunal de Casación rechazó la petición del empresario y le condenó a indemnizar al preparador físico con 3.000 euros.