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Para muchos adolescentes italianos que crecieron cerca del mar, la profesión de “socorrista” (o “socorrista”, término menos profesional pero mucho más extendido) representa desde hace años una de las primeras y más extendidas oportunidades laborales, también debido a la altísima demanda de playas y piscinas. De hecho, la presencia de un socorrista es una condición necesaria para poder abrir estas estructuras, y obtener el permiso permite encontrar trabajo en un tiempo relativamente corto.
Pero desde hace un tiempo las cosas han cambiado: cada vez hay menos socorristas nuevos, las renovaciones de los ya cualificados disminuyen y los responsables de las playas se quejan muy a menudo de no encontrar ninguno. Esta situación se debe a diversas causas, entre ellas una serie de cambios que han hecho más complejo y agotador el proceso de convertirse en socorrista, salarios a menudo considerados insuficientes y condiciones contractuales no siempre favorables, existiendo casos de puestos a tiempo parcial no proporcionados al compromiso requerido o compensaciones pagadas ilegalmente.
Pero también hay una mayor conciencia de las responsabilidades legales asociadas con el puesto, lo que puede representar un elemento disuasorio para quienes aspiran a esta profesión. El socorrista puede ser considerado responsable tanto penalmente, por ejemplo en caso de lesión u homicidio por negligencia, imprudencia o incompetencia, como civilmente, con la obligación de reparar los daños causados.
“Muchos establecimientos ofrecen 5 o 6 euros netos por hora, menos de lo previsto en los contratos, a menudo pagando parte del salario “de su bolsillo””, explica Mario (seudónimo), socorrista que trabaja en un establecimiento del Lacio y que ha optado por permanecer en el anonimato para no sufrir repercusiones en su trabajo. Mario es socorrista desde hace quince años y desde hace al menos dos años nota cierta repulsión hacia esta profesión por parte de los adolescentes, también debido a que “pertenecen a una generación que, a diferencia de la mía, le da mucha más importancia a estas cosas”.
Aunque los contratos prevén un descanso semanal, en la gran mayoría de los casos el día libre “no lo garantiza casi nadie”. También puede ocurrir que los establecimientos sólo cuenten con un socorrista que trabaje todos los días toda la temporada, sin descanso.
Cada vez más, los socorristas no son contratados por gestores de playas, sino por cooperativas que les pagan y ofrecen este servicio a los establecimientos de playa. Para las fábricas, esta es una situación cómoda, ya que no tienen que hacerse cargo del coste de otro empleado. La cooperativa para la que trabaja Mario es “completamente seria” porque garantiza jornada laboral de 7 horas y un día libre a la semana. Sin embargo, no todos funcionan así, sino todo lo contrario (de ello hablamos aquí).
Una huelga simbólica de socorristas en Rímini, el 9 de agosto de 2025 (ANSA/DORIN MIHAI)
Desde hace muchos años, además de velar por la seguridad de los bañistas y vigilar el mar, también se contrata a socorristas para realizar tareas no cubiertas por el contrato: disposición de tumbonas, sombrillas y tumbonas, limpieza de la orilla de basura y colillas, acompañamiento de los bañistas hasta las sombrillas, etc.
Hoy en día, esto sucede mucho más raramente. Los rescatistas escucharon el Trabajo Manifestaron que, si bien en algunos casos aún se dan estas situaciones, en la mayoría de los establecimientos ya no se les solicita que se encarguen de estas actividades, ya que las playas cuentan con personal contratado específicamente para este fin.
También porque hay que tener mucho cuidado: si durante una inspección se descubre que un socorrista está realizando tareas distintas a las de salvamento o vigilancia de playas, la Autoridad Portuaria podría aplicarle una sanción administrativa por infracción de las normas de seguridad.
Otro motivo que ha dificultado el acceso a la profesión de socorrista y su continuación en el ejercicio de esta profesión se refiere a los cambios en las condiciones para la obtención y renovación de la licencia, introducidos por el Decreto n. 85/2024, que profesionalizó mucho más la figura del socorrista y dio cierta centralidad al desempeño físico.
Para aprobar el examen hay que superar una serie de pruebas no tan obvias, entre ellas nadar 100 metros en un tiempo máximo de un minuto y cuarenta segundos y nadar 25 metros conteniendo la respiración.
La renovación de patentes también se ha vuelto más compleja. Anteriormente, bastaba con pagar una tasa de registro cada cinco años. Según el decreto, además de pagar la tasa, también deberá realizar una prueba colectiva similar a la del examen. “¿Quién trabaja tan duro para un trabajo tan precario y lleno de responsabilidades? Es comprensible que el interés haya disminuido”, afirma Mario.
(ANSA/MICHELE NUCCI)
El decreto también complicó el trabajo de determinadas asociaciones que se ocupan de la concesión de patentes. Las más importantes son tres: la SNS (Sociedad Nacional de Salvamento), la FISA (Federación Italiana de Salvamento Acuático) y la FIN (Federación Italiana de Natación).
Raffaele Perrotta, presidente de FISA, afirma que la disposición, creada con el objetivo de impedir la creación de monopolios en la formación de socorristas, paradójicamente acabó generando “desigualdad de trato entre los operadores del sector”.
En efecto, prevé que la organización de cursos y la expedición de licencias estén sujetas a la presencia de al menos dos técnicos del segundo nivel SNaQ (Sistema Nacional de Calificación de Técnicos Deportivos), uno con función de docente y el otro responsable de la realización de los exámenes.
Según Perrotta, esta predicción habría producido un “efecto distorsionador”, favoreciendo efectivamente sólo a la FIN, que, además de expedir las patentes, también gestiona la formación necesaria para obtener la calificación SNaQ. Las asociaciones que no cuentan con estas cifras internamente deben convocarlas desde fuera con unos costes muy elevados, que se suman a los gastos de alquiler de piscinas, visitas médicas y equipamiento.
Los cambios también han reducido considerablemente el funcionamiento de las “secciones” de la FISA (las ramas territoriales de la federación, las que organizan los cursos), que hoy son mucho menos activas que en el pasado. Perrotta le dijo al Trabajo que desde 2024, año en que se introdujo el decreto, el número anual de salvavidas aprobados por FISA ha “disminuido a más de la mitad”, al igual que las renovaciones. “El resultado práctico es un colapso de la oferta formativa. Si antes todas las secciones podían organizar los cursos, hoy las que son capaces de agruparlos son más o menos un tercio”, añade.
Incluso Fortunato Comparone, presidente del SNS, afirma que esta medida ha reducido considerablemente el funcionamiento de la asociación. De las casi 200 secciones del SNS, sólo 51 están actualmente autorizadas a realizar exámenes.
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