Al principio, esto se atribuyó a una percepción distorsionada de que la gente pensaba que les multaban por ser conductores. (Sin perjuicio del principio de que quien comete una infracción debe recibir la odiada pena). Los automovilistas milaneses se fueron formando poco a poco la idea de que la administración los toleraba mal; no hay estacionamientos; nunca se planificaron paradas para hacer recados rápidos; si no tienes un garaje privado, no sabes dónde aparcar por la noche porque el espacio de los residentes se ha transformado en un carril bici; si se utiliza accidentalmente un carril reservado, no se recibe una multa (lo cual sería justo), sino dos o tres, tantas cámaras que han inmortalizado la matrícula (no tiene sentido discutirlo, el ojo electrónico encargado de la vigilancia siempre tiene razón). Junto a esta percepción, nació una segunda: hay ciudadanos de serie A y ciudadanos de serie B. La primera categoría incluye a quienes pueden cometer delitos sin ser castigados, andar tranquilamente en bicicletas o scooters eléctricos modificados; cuantos pueden aplastar a los peatones, en los pasos de peatones o en las aceras. Y también los que aparcan bicicletas públicas en medio de los pasajes.
Pensamos que eran sólo impresiones. En cambio. Los datos oficiales facilitados por el concejal de Movilidad, Marco Granelli, entrevistados por el concejal de la Liga Norte, Samuele Piscina, confirman: “Las cifras relativas a las sanciones del Código de Circulación impuestas por la policía local en 2025 muestran un desequilibrio total y vergonzoso entre los diferentes vehículos, con una desproporción que no deja lugar a interpretación. De un total de más de 3.546.000 multas impuestas en la ciudad, los vehículos de motor representan la mayor parte de 3.454.439 multas, lo que equivale a un sensacional 97,39% del total, una cifra astronómica reservada a los vehículos que simbolizan la movilidad sostenible tan cara para la izquierda, son ridículas y cercanas a cero. En 2025, los scooters y la micromovilidad eléctrica registraron sólo 4.664 multas, lo que equivale a un mísero 0,13% del total global. La situación es aún peor para las bicicletas: bicicletas sancionadas durante todo un año. fueron sólo 2.347, deteniéndose en un imperceptible 0,07% del total de multas de la ciudad”.
Una semana después de la entrada en vigor de la obligación de llevar matrícula, se realizaron 454 controles en scooters y se impusieron 324 multas, 180 por falta de casco y 144 por falta de matrícula. El concejal precisa que “nadie pide que no se castigue a quienes cometen errores, pero el salvaje oeste diario demuestra que quienes circulan sobre dos ruedas sin motor térmico se sienten intocables; exigimos equidad y seguridad.