Tras el ataque en Washington el 26 de noviembre, Donald Trump relanzó su retórica antiinmigración, nombrando sospechosos a ciudadanos de origen afgano, pero no sólo. El presidente estadounidense atacó así a la comunidad somalí, en particular a la de Minnesota, a la que considera implicada en bandas criminales.
El martes volvió a introducir una moneda en la máquina. En Somalia “no tienen nada, sólo se matan unos a otros”, afirmó Donald Trump durante una reunión de su gobierno. Estaba entonces reaccionando a un gran escándalo de fraude que implicaba la malversación de más de mil millones de dólares de un programa de protección social y que involucraba a estadounidenses de origen somalí. “Su país no vale nada, por una razón u otra. Su país está podrido y no los queremos aquí”, continuó.
El martes, las declaraciones del presidente estadounidense provocaron reacciones de indignación entre los habitantes de la capital, Mogadiscio. “No es la primera vez que el presidente Trump habla negativamente de Somalia y de los somalíes, pero esta vez estos insultos (…) son inaceptables”, juzga Daude Bare, comerciante.
El jefe de Estado estadounidense denigra periódicamente a las minorías y ha hecho de la lucha contra la inmigración ilegal su fuerte, aprovechando los temores de la mayoría blanca de perder su poder político y cultural.
“Si Trump tiene problemas con algunos somalíes que han cometido crímenes en Estados Unidos, puede decirlo. Pero no podemos aceptar que hable negativamente sobre Somalia y los somalíes en general”, añade Daud Bare.
Para Sumaya Hassan Ali, estudiante de 23 años, “un presidente extranjero no tiene derecho a ser grosero con Somalia”. “Cada país tiene sus defectos, incluso Estados Unidos, al que parecen considerar un paraíso”, continúa. Sin embargo, “sabemos que cada año mueren muchas personas en las ciudades estadounidenses, a veces más que en Somalia”.
Estados Unidos, socio clave del gobierno somalí
Contactados por la Agence France-Presse (AFP), varios funcionarios gubernamentales declinaron hacer comentarios. Washington es un socio clave de las frágiles autoridades de Mogadiscio frente a los islamistas shebab -vinculados a Al Qaeda-, cuyos combatientes luchan contra el ejército somalí a sólo 60 kilómetros de Mogadiscio.
El Gobierno somalí no responde al presidente estadounidense porque sabe que, si le irrita, Donald Trump “puede no dudar en retirar su apoyo militar” a Somalia, observa Mahdi Ibrahim, un académico somalí.
Una rara voz discordante entrevistada por la AFP, Nuradin Abdi, trabajador humanitario, afirmó reconocer algunas verdades dichas por el jefe de Estado estadounidense, a pesar del tono utilizado. “Trump puede ser grosero, pero no podemos ignorar que algunas de estas cosas son ciertas”, explica.
“Somalia sigue librando guerras y corrupción, y su gente está refugiada en todo el mundo”, afirmó. Si queremos cambiar la percepción global negativa de Somalia, debemos cambiar nuestro país y mejorar su gobernanza. »