En la pantalla de la sala de audiencias del primer piso del Palacio de Justicia -donde se desarrolla el juicio por el asesinato multipacto de Pamela Genini- se proyectan las imágenes del apartamento de via Iglesias de Milán donde la policía irrumpió para intentar salvar al joven de veintinueve años asesinada con 76 puñaladas, según la fiscalía, por su exnovio Gianluca Soncin.
El breve vídeo realizado con una cámara corporal que llevaba uno de los policías que intervinieron la tarde del 14 de octubre de 2025 muestra no sólo las manchas de sangre en el suelo de la casa del segundo piso, el cuerpo de la víctima tendido en el suelo, el cuchillo y el Soncin ensangrentadopero también los últimos y laboriosos suspiros de la joven, que falleció poco después de que la policía lograra cruzar las dos entradas del edificio del número 33 y derribar la puerta principal. “Soncin nos cerró la puerta en la cara mientras Pamela agonizaba”, dice el primer testigo en la sala del tribunal, el policía que redactó el informe final sobre el feminicidio. Imágenes que mira el detenido, sentado junto a sus defensores, pero que no parecen mover nada en su rostro.
Pamela Genini está hablando por teléfono con su amigo Francesco Dolci, que será oído en el juicio y que es objeto de una investigación por desacato al cuerpo, cuando se da cuenta de que el acusado Soncin ha entrado en la casa con un duplicado de las llaves de la casa. Copia realizada por el hombre una semana antes en una ferretería cercana, revelada posteriormente por las investigaciones de la jefatura de policía. En una serie de mensajes de Whatsapp escribe “Tengo miedo… Entré con una copia de las llaves… No sé qué hacer, llamar a la policía” y el amigo no pierde el tiempo. La llamada registrada al 112 proporciona todos los elementos para llegar por Iglesias donde aparcó Soncin sobre las 21.30 horas.
Los mensajes telefónicos entre Pamela y Franceso se interrumpen a las 21:52, pero cuando el Volante Padova bis llega a la entrada, el joven de veintinueve años está vivo y coleando. Es ella, en el portón de hierro, quien responde “Glovo, segundo piso”, un mensaje que, según la policía escuchada como testigo, “es una señal muy clara de peligro inminente”. A las 21:58, los agentes rompieron la segunda puerta de cristal, luego subieron las escaleras y corrieron hacia el apartamento desde donde se escuchaban los gritos. “Empiezan a patear la puerta, un pestillo impide la entrada pero deja ver el cuerpo de la joven en el suelo. Soncin se encuentra detrás de la puerta e intenta cerrarla, pero una patada más fuerte de un agente la rompe. Nos cerró la puerta en la cara mientras Pamela agonizaba”, precisa ante el Tribunal de lo Penal de Milán, presidido por la jueza Antonella Bertoja.
El intento de fuga de la víctima resultó inútil: “la arrastró por el pelo y continuó golpeándola” con un cuchillo (de uso militar) de hoja de 21 centímetros. El registro del domicilio del acusado en Cervia, en la provincia de Rávena, condujo a la incautación de un número “importante” de armas blancas, mientras que investigaciones posteriores revelaron – entre informes, mensajes sociales y telefónicos – una historia “atormentadora” que comenzó en marzo de 2024 con “múltiples ataques” que la mujer de veintinueve años “nunca denunció. Tampoco acudió nunca a un centro contra la violencia”.