Para Stellantis, ha llegado la hora de la verdad y a un precio elevado: desplome de las acciones de Piazza Affari (-25,17% a un precio de 6,11 euros) y admisión de opciones estratégicas, por parte de la anterior dirección encabezada por Carlos Tavares, demasiado optimista sobre un presente y un futuro sólo con coches eléctricos y sin tener nunca en cuenta la demanda real de los clientes. Las consecuencias: productos cancelados o retrasados, líneas de producción paradas o reconvertidas, recortes generalizados. En definitiva, teniendo en cuenta la evolución de este mercado, estas decisiones supusieron un coste de 22,2 mil millones y la consideración de una pérdida neta de entre 19 y 21 mil millones para el ejercicio 2025. Resultado: no hay distribución de dividendos. La última vez que esto sucedió fue en 2020, pero la discontinuación del cupón fue consecuencia de la situación de pandemia.
La capitalización del grupo presidido por John Elkann, cuyas acciones perdieron casi un 30%, cayó hasta poco menos de 18.000 millones, los valores más bajos desde la fusión entre PSA y FCA en 2021.
Por tanto, el consejo de administración dio luz verde a la emisión de bonos híbridos perpetuos subordinados no convertibles por valor de 5.000 millones. Una medida, como explicó a los analistas el director general Antonio Filosa, que “contribuirá a preservar una estructura sólida de capital y de liquidez, teniendo en cuenta los 46 mil millones disponibles a final de año”, equivalente a una relación del 30% con el beneficio neto, en el límite superior del rango objetivo del 25-30%.
Así, para Stellantis, el cambio de ritmo ha comenzado oficialmente y el 21 de mayo se conocerá el nuevo plan industrial del grupo, con especial atención al mantenimiento de las 14 marcas y al destino de la producción italiana que tocó fondo en 2025.
El nuevo enfoque hacia la “libertad de elección” del cliente, basado en las necesidades de las diferentes regiones en las que está presente el grupo, dará espacio a una combinación más amplia de vehículos híbridos, eléctricos y de combustión interna de última generación para satisfacer mejor las preferencias y la capacidad de compra de los consumidores reconocidos como estrella guía de la compañía.
Según se informa, los datos preliminares del segundo semestre del año pasado mostraron un retorno al crecimiento en volúmenes y facturación, pedidos de clientes y revendedores, así como una mejora en los parámetros de calidad iniciales. La dirección de Stellantis espera nuevas mejoras este año. El CEO Filosa no tiene dudas sobre este aspecto: “Sólo quiero asegurarles – sus palabras a los analistas – que seremos rentables como grupo a lo largo de 2026. Y eso es exactamente lo que haremos este año. El mensaje es que el balance es fuerte y seguirá siéndolo. La decisión de no distribuir dividendos este año refleja nuestra pérdida neta”.
En detalle, como explicó el director financiero Joao Laranjo, nombrado por Filosa el pasado mes de septiembre, para el presente ejercicio se espera que los ingresos netos aumenten en un porcentaje de medio dígito, con la mayor contribución de América del Norte. Las previsiones de márgenes, se destacó, se sitúan en el rango bajo de un solo dígito, esperándose una mejora “entre el segundo semestre y el primer semestre de 2026. Además, se espera una mejora del flujo de caja libre industrial con carácter anual”.
El cambio de ritmo del grupo ha supuesto diversos cambios organizativos, como la renovada responsabilidad de los equipos en diferentes áreas geográficas, que pueden así tomar decisiones basadas en su conocimiento directo de las preferencias de los clientes a los que se dirigen.
También se han tomado medidas importantes para crear una cadena de suministro más rentable, respaldando el desarrollo a largo plazo de los programas de electrificación de Stellantis.
Los primeros resultados son positivos. En el segundo semestre de 2025, el volumen de entrega consolidado de 2,8 millones de unidades aumentó en 277 mil unidades, un +11% en comparación con el mismo período del año anterior.