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La anciana de la foto parece tensa. Ella se sienta allí en una postura inmóvil, con las manos cruzadas frente a su estómago y dos dedos moviéndose hacia atrás repetidamente. Pero su tono sigue siendo práctico, su voz casi fantasmalmente tranquila: “Soy la única mujer que sobrevivió a los campos de concentración y que alguna vez fue elegida para el Bundestag alemán”, dice, levantando las cejas de manera casi perceptible. »Mi nombre es Jeanette Wolff y perdí a casi toda mi familia en el Holocausto.«

¿Cómo recordamos el gran asesinato una vez muertos los últimos testigos? Ésta es una cuestión central de la cultura de la memoria alemana, y lo ha sido desde principios de los años noventa. Y a más tardar, cuando el rapero Tupac Shakur, asesinado a tiros, resucitó como holograma para un concierto en vivo en 2012, surgió otra pregunta: ¿Podrían los hologramas, los avatares o la inteligencia artificial ayudarnos en la memoria histórica? Lamentablemente, ambas cuestiones se han vuelto cada vez más urgentes en los últimos años, al menos hasta ahora. Porque ahora el grupo parlamentario del SPD en el Bundestag nos ofrece una respuesta bastante definitiva. Y esto en forma de un documento cinematográfico absolutamente sorprendente, que los socialdemócratas publicaron con motivo del cincuentenario de la muerte de su ilustre camarada.

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