La guerra no siempre es buena para las empresas de defensa. Mientras Irán y Estados Unidos han estado en guerra durante casi dos meses, los vendedores de aviones y repuestos para aeronaves han visto caer sus precios. Desde el 28 de febrero, fecha de la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, las acciones de Thales han caído casi un 5%, mientras que las de Dassault Aviation y Airbus han caído más de un 9% y las de Safran casi un 20%.
Una trayectoria que a primera vista resulta ilógica, ya que la intensificación de los conflictos militares debería empujar a los Estados de todo el mundo a encargar más dispositivos y armas militares. Y con razón: las ventas de componentes y aviones a las fuerzas armadas representan entre el 70% y el 80% de las ventas de Thales y Dassault y entre el 20% y el 30% del negocio de Airbus y Safran.
Pero antes de que el rearme global tenga un impacto positivo en los pedidos de los fabricantes de equipos, son sus clientes civiles los que sufrirán el resurgimiento de las tensiones geopolíticas.
Tres compañías muy dependientes de los vuelos civiles
Los resultados de los buques insignia de la Fuerza Aérea dependen todos en parte del tráfico aéreo civil. Sin embargo, el martes Pascal Bouchiat, director general de finanzas y sistemas de información de Thales, afirmó que varias compañías aéreas habían decidido suspender vuelos que ya no eran rentables debido al aumento del precio del queroseno. Excepto que cuantos menos aviones vuelan, menos aerolíneas y empresas de alquiler tienen que mantener y cambiar sus aviones.
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