Hay un momento, en mar abierto, en el que el rumbo que tenías pensado debe corregirse al instante. El viento está cambiando, la ola está creciendo y debemos tomar una decisión de inmediato. Lo mismo sucede en el escenario. Un ataque que se mueve, un tempo que cambia, un músico que toma una dirección inesperada. La capacidad del marinero para afrontar lo inesperado es la misma que utiliza un músico de jazz cuando improvisa. Y en ambos casos no es puro instinto: es conocimiento, rigor y mucho estudio. De esta intuición, nada abstracta, nació
Jazz Sailor no es sólo un concierto, ni tampoco un simple disco. Es un gran proyecto, nacido de un año de investigación de campo, en torno a una cuestión que parecía extraña pero que resultó ser muy seria. ¿Qué tienen en común el jazz y la navegación? Para responder a la pregunta, Angelo Gregorio elaboró un cuestionario destinado a marineros y músicos de jazz; se fijó el objetivo de recibir trescientas respuestas en cinco meses. En menos de dos horas llegaron más de trescientas personas, gracias al boca a boca de la Liga Naval Italiana y a la red de músicos implicados. De estas cifras, y sobre todo de los cientos de respuestas abiertas, nació un libro (
El descubrimiento más interesante se refiere a la libertad, que para el marinero y el músico de jazz no significa hacer lo que uno quiera. La libertad es elegir la acción adecuada en el momento adecuado, en relación con lo que sucede a nuestro alrededor. El marinero y el músico de jazz afrontan lo inesperado de la misma manera, y este camino se construye primero, con años de conocimiento, rigor y estudio. La improvisación no es la ausencia de reglas. Es saber actuar dentro de un sistema complejo.
Luego, hay algo que es muy querido por el maestro Angelo Gregorio y que recorre todo el proyecto. El mar no es sólo un paisaje, es una responsabilidad. Jazz Sailor es también un debate sobre la sostenibilidad, el respeto a la naturaleza, la relación entre el arte y el medio ambiente. Jugar aquí con el mar también significa cuidarlo.
Las composiciones originales de Gregorio cambian de ritmo sin previo aviso, son tranquilas, luego densas y luego se abren de nuevo, como lo hace el viento. Está la calma del mar, la fuerza de las olas en la tormenta, la adrenalina de una regata. El álbum contiene ocho temas y fue editado en vinilo azul, con la portada firmada por el diseñador Davide Besana.
El 14 de junio es también un acto de conmemoración. El concierto está dedicado a Fabrizio Marotta en el marco del evento dedicado a él y que lleva su nombre
El Jazz Sailor no se detiene en Salerno. El 25 de julio el proyecto llega a Cariati, Calabria, en su versión inmersiva y completa, donde Gregorio rodó el docufilm. Navegando con las velas de los sueños. Música, imágenes, historia. Pero ese será otro capítulo. El primero se inaugura el 14 de junio, en el Mar de Salerno, donde empezó todo.
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