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¿Quién decide la política de Donald Trump ¿Hacia Irán? Ésta es la pregunta que muchos se hacen cada vez que Benjamín Netanyahu logra forzar la mano de la Casa Blanca. Esto sucedió en febrero, cuando el primer ministro israelí trabajó con personas como el senador. Lindsey Graham convencer a Trump para que lance el ataque inicial, y esto ocurre cada vez que se acerca un acuerdo: Netanyahu no duda en expresar su oposición, con palabras y, más a menudo aún, con bombas.

FRICCIÓN
La cercanía entre ambos líderes es conocida, pero persiste la paradoja de un presidente que siempre afirma priorizar los intereses de Estados Unidos y luego seguir los objetivos de un aliado mucho más pequeño. Se podría argumentar que Washington necesita un Israel fuerte para repensar Oriente Medio: ésta es la línea adoptada por los neoconservadores y sus aliados más agresivos en la actual administración. Sin embargo, las fricciones surgen periódicamente: Trump ha tenido que imponer una tregua a Netanyahu en varias ocasiones, en Gaza como en el Líbano, bajo pena de fracasar sus propios proyectos. Acorralado, el Primer Ministro israelí se alinea, pero sólo por un corto tiempo. Pronto vuelve al ataque, con acciones que muchos consideran un sabotaje directo.

Visto desde Tel Aviv, Trump debe parecer bastante maleable. Desde la década de 1990, los presidentes estadounidenses se han negado a dar luz verde a un ataque contra Irán, a pesar de las constantes –y casi cómicas, si no fuera por las consecuencias– advertencias de que a Teherán siempre le faltarían semanas para crear una bomba nuclear. Los predecesores calificados de débiles por Trump en realidad han demostrado mayor habilidad diplomática e incluso más coraje: desde Obama, que alcanzó el acuerdo de 2015 a pesar de la oposición de grupos poderosos en Washington como AIPAC, hasta Biden, que frenó los planes de Netanyahu de iniciar una guerra en abril de 2024.

Trump resultó más fácil de manipular, creyendo el cuento de hadas del primer ministro de que la “decapitación” de los líderes de Irán llevaría al colapso del régimen en cuestión de semanas.. Increíblemente, el presidente no entendió lo que cualquier analista honesto podría haberle explicado: no sólo que un ataque fortalecería a los Guardias Revolucionarios, sino también que Teherán bloquearía el Estrecho de Ormuz. La explicación es que Trump ignora lo que no quiere escuchar y actúa según sus instintos. Y cuando se trata de Medio Oriente, Netanyahu y sus aliados saben en qué instintos confiar.

LA SALIDA
Está claro que la Casa Blanca busca una salida a un conflicto que no ha salido como se esperaba. No será fácil, porque será necesario aceptar un acuerdo de bajo coste para reabrir el estrecho y luego posponer la cuestión del uranio enriquecido a las negociaciones de los próximos meses. Los halcones critican a Trump por abandonar sus objetivos originales y Netanyahu decide reiniciar la guerra. Para apaciguar a los críticos, el presidente revivió la idea de ampliar los Acuerdos de Abraham, pero lo cierto es que su posición sigue debilitándose. Una vez más, Trump debe decidir: ¿seguirá los intereses estadounidenses o se dejará manipular por Netanyahu nuevamente?

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