El MDPH estaba hasta entonces ubicado en Nanterre, en unos locales que, en opinión de los agentes y usuarios, eran cuanto menos miserables. “Trabajar en buenas condiciones es fundamental y estoy convencida de que esto tendrá consecuencias positivas para las personas discapacitadas que necesitan atención”, sonríe Nawel, de 38 años, que vino para conocer la evolución del caso de su hija de 11 años que padece una enfermedad rara.