Bostezar es uno de los comportamientos más misteriosos y compartidos del reino animal. Ya conoces la escena: en el metro o en la oficina, basta que una persona abra la boca para que comience una reacción en cadena. Hasta ahora, los investigadores consideraban este intercambio como un mecanismo social complejo que requería cierta madurez cognitiva. Se sabía que los bebés en el útero bostezaban, pero se pensaba que se trataba de un simple reflejo mecánico, una especie de entrenamiento de los músculos de la mandíbula sin relación con el entorno.
Sin embargo, una nueva investigación ha sacudido estas certezas. Los científicos querían saber si el feto, aunque aislado en su burbuja de líquido amniótico, podría ser sensible al estado de cansancio de la madre o a señales fisiológicas. El experimento reunió a 38 mujeres embarazadas durante el tercer trimestre del embarazo. El protocolo era simple, pero riguroso: mientras las madres veían vídeos de personas bostezando, haciendo movimientos simples con la boca o incluso caras impasibles, los investigadores examinaron las reacciones de los bebés en tiempo real mediante ultrasonido. Como era de esperar, los vídeos de bostezos provocaron una reacción entre las madres: alrededor del 64% de ellas bostezó al menos una vez mientras los veían, mientras que casi ninguna bostezó con el otro tipo de vídeos.
Los hallazgos, informados por la revista Smithsonian, indican que aproximadamente el 53 por ciento de los fetos bostezaron cuando las madres fueron expuestas a videos de bostezos. Aún más impresionante: la respuesta no se hizo esperar. En promedio, el bostezo del futuro bebé frente al espejo se produjo aproximadamente un minuto y medio después del de la madre. Los investigadores también notaron una correlación directa: cuanto más bostezaba la madre, más tendía el feto a imitarla.
El estudio destaca una forma de sincronización temprana que va más allá de la biología básica. Para Giulia D’Adamo, neurocientífica de la Universidad de Parma y autora principal del estudio, durante el embarazo”se trata de prepararse para lo que viene despuésEsto sugiere que las bases de nuestras interacciones sociales y nuestra empatía pueden formarse mucho antes de nuestro primer llanto. Por tanto, el feto no sería un espectador pasivo, sino un ser ya conectado a los ritmos y expresiones de la madre.
¿Por qué bostezamos realmente?
¿Cómo cruza esta señal la barrera placentaria? Los científicos están explorando varias vías. El primero es hormonal: el bostezo de la madre podría liberar en la sangre algunas sustancias que, una vez transmitidas al feto, desencadenarían la misma reacción. Otra hipótesis más sorprendente sugiere que el feto podría sentir las vibraciones físicas o los cambios de presión provocados por la inspiración profunda de la madre. Una forma de comunicación invisible, pero muy real, que ya tendría lugar en el útero materno.
Más allá del vínculo madre-hijo, este descubrimiento reaviva el debate sobre la utilidad misma del bostezo. Durante mucho tiempo se creyó que servía para oxigenar la sangre, pero ahora esta teoría es cuestionada. Otra hipótesis afirma que se trata de una función de termostato. Bostezar ayuda a enfriar el cerebro cuando su temperatura aumenta demasiado, promoviendo así el estado de alerta. Por tanto, para un feto, bostezar podría ser una forma de regular su sistema nervioso en desarrollo.
Otra vía fascinante vincula el bostezo con la limpieza cerebral. Investigaciones recientes sugieren que puede actuar como una bomba hidráulica para el sistema glifático, responsable de eliminar las toxinas del cerebro. Como señala el neurólogo W. Christopher Winter: “elBostezar es un poco como si tu cerebro dijera: “Si no vas a dormir para activar el sistema glifático, entonces encenderemos la bomba de emergencia”.“.
En última instancia, ya sea para enfriar nuestro procesador interno, limpiar nuestras células o fortalecer los vínculos sociales, el bostezo sigue siendo uno de los hilos comunes de nuestra humanidad. Saber que este vínculo se establece en las últimas semanas del embarazo añade una dimensión adicional a este movimiento que se ha vuelto casi banal.