El Estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que pasa casi el 20% del petróleo y el gas natural licuado del mundo, vio su primer cruce el miércoles desde el acuerdo de alto el fuego alcanzado entre Estados Unidos e Irán. Dos barcos, el granelero NJ Earth, de un armador griego, y el Daytona Beach, de bandera liberiana, atravesaron el estrecho a las 08:44 y 06:59 UTC respectivamente, según el sitio de vigilancia marítima MarineTraffic. Una señal positiva, pero que no borra la persistente incertidumbre sobre las condiciones de navegación en la región.
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El alto el fuego de dos semanas, anunciado la noche del martes al miércoles, exige que se produzca el cruce del estrecho “en coordinación con las fuerzas armadas iraníes”indicó el Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi. Esta declaración subraya que, si se puede reabrir el estrecho, la seguridad de la navegación seguirá estando sujeta a un estricto control militar y diplomático.
En la Organización Marítima Internacional (OMI), agencia de las Naciones Unidas responsable de la seguridad en el mar, estamos preparando un sistema para supervisar estos pasos. “Ya estoy trabajando con las partes pertinentes para establecer un mecanismo apropiado que garantice el tránsito seguro de los barcos a través del Estrecho de Ormuz”indicó el Secretario General de la OMI en un comunicado de prensa. “La prioridad ahora es asegurar una evacuación que garantice una navegación segura”añadió. La OMI estima que 20.000 marineros, repartidos en unos 3.000 barcos, se encuentran actualmente varados en el Golfo, lo que sugiere que la evacuación será larga y compleja.
La precaución sigue siendo necesaria
Del lado estadounidense, el presidente Donald Trump lo acogió con satisfacción. “la apertura total, inmediata y segura del Estrecho de Ormuz”. Por su parte, Jakob Larsen, jefe de seguridad del Consejo Marítimo Internacional y del Báltico, advierte contra una reanudación precipitada de la navegación: “Los barcos varados en el Golfo Pérsico querrán partir tan pronto como sea seguro hacerlo. Abandonar el Golfo Pérsico sin una coordinación previa con Estados Unidos e Irán plantearía mayores riesgos y no sería aconsejable”.
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Para los armadores europeos, la precaución sigue siendo imprescindible. El grupo alemán Hapag-Lloyd expresó un optimismo moderado y estimó que la recuperación normal del tráfico podría tardar “al menos 6-8 semanas”. El director general Rolf Habben Jansen recordó que, incluso con un alto el fuego, “El conflicto en Oriente Medio sigue ejerciendo presión sobre el transporte marítimo, pero también sobre las cadenas de suministro”y que la crisis genera costes adicionales estimados entre 50 y 60 millones de dólares semanales, parte de los cuales se trasladarán a los clientes. Hapag-Lloyd todavía tiene seis de sus barcos varados en la región, lo que representa alrededor de 25.000 contenedores estándar.
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Aún no hay suficientes certezas
La Asociación de Armadores de Noruega (NSA) tiene una posición similar. Su director general, Knut Arild Hareide, lo subraya “Observamos signos de un alto el fuego, pero la situación en el Estrecho de Ormuz sigue sin resolverse y es impredecible. Aún no está claro en qué condiciones será posible un tránsito seguro. Los armadores están evaluando la situación y reanudarán el cruce sólo cuando esté garantizada la verdadera seguridad del paso. »
Incluso el gigante danés Mærsk confirma que el anuncio del alto el fuego no ofrece aún la seguridad suficiente para reanudar las operaciones normales. Para muchas empresas, el dilema sigue siendo el mismo: cómo asegurar el tránsito de forma segura a través de un estrecho estratégico y al mismo tiempo evitar importantes perturbaciones económicas en las cadenas de suministro globales.
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Se perfilan varios escenarios para las próximas semanas. El primero, optimista, prevé una reanudación gradual de la navegación bajo supervisión iraní y estadounidense, con corredores seguros para la evacuación de los barcos varados. Un segundo enfoque, más cauteloso, implica una reapertura limitada y estrictamente controlada, que requiere una estrecha coordinación, apoyo militar y vigilancia internacional. Por último, sigue siendo posible un escenario más complejo: un retorno parcial o intermitente de la crisis si la situación diplomática vuelve a tensarse, obligando a los armadores a seguir recurriendo a costosos desvíos o a suspender ciertos intercambios.
La seguridad no se puede negociar
El impacto económico sigue siendo considerable. Además de los costos directos para las compañías navieras, la interrupción del Estrecho de Ormuz impacta los precios de la energía, los suministros industriales y las cadenas de suministro globales. Por lo tanto, los industriales y los comerciantes examinan atentamente cada mensaje procedente de Washington y Teherán, conscientes de que cada día de bloqueo o de incertidumbre puede generar pérdidas de decenas de millones de dólares.
En este contexto, los anuncios oficiales aún no son suficientes para tranquilizar a los operadores del sector. Las travesías realizadas por algunos barcos el miércoles siguen siendo simbólicas: demuestran que la coordinación puede funcionar, pero no garantizan que la navegación vuelva a la normalidad en las próximas semanas. Para Hapag-Lloyd, Mærsk, NSA y muchos armadores la consigna sigue siendo precaución. La seguridad del Estrecho de Ormuz no se puede negociar y cada cruce debe planificarse y supervisarse cuidadosamente.