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Entre los temas controvertidos del presupuesto de 2026, el despido convencional ha sido identificado como una fuente de costes para las finanzas públicas, estimados en un importe total de más de 9 mil millones de euros en 2024. Por ello, en el marco de los debates parlamentarios se planteó la cuestión de aumentar la contribución empresarial a la indemnización pagada al trabajador en caso de despido del 30% al 40%, alegando que se producirían abusos en perjuicio de la empresa.

La extinción convencional puede solicitarse a iniciativa del empleador o del trabajador, quienes de mutuo acuerdo acuerdan las condiciones de interrupción de la relación laboral en un entendido interés mutuo.

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Creado en plena crisis financiera de 2008, para facilitar la separación amistosa entre un empleado con contrato indefinido y su empleador y hacer así más fluido el mercado laboral, el sistema hoy es sospechoso de abuso: por un lado, por parte de los directivos, para dejar marchar a un empleado sin causar revuelo, y, por otro, por parte de los empleados, para poder salir de la empresa con un subsidio y la protección del seguro de desempleo.

Desde su implementación, la terminación convencional se ha vuelto cada vez más popular: De 40.363 en 2008 a casi 250.000 en 2010, y más de 500.000 por año a partir de 2022 (515.000 en 2024), según la dirección de investigaciones, estudios y estadísticas del Ministerio de Trabajo (Dares). Sólo el Covid-19, en 2020, frenó temporalmente este entusiasmo. Estas cifras corresponden a un coste determinado para la Unédic, ya que tres cuartas partes de las bajas son en su mayoría dimisiones encubiertas, según una nota del Instituto de Políticas Públicas publicada el martes 4 de noviembre.

Salida suave

Sólo uno de cada cuatro despidos convencionales sustituiría a un despido por motivos personales, ya cubiertos por el seguro de desempleo. Optar por negociar el despido en lugar de la dimisión es legal, pero impone a la Unédic la responsabilidad de compensar a quienes no vuelven a trabajar en un plazo de seis meses, es decir, el 14% de los que dimiten, según Dares.. Eso podría representar 50.000 personas por año.

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