Se siente tan bien despertar después de más de cuatro décadas de sueño, dudas y desánimo. Y esa deliciosa impresión de que el desencantado paréntesis debe terminar pronto se la debemos a un joven que anda en bicicleta con tanta prisa que va más rápido que las predicciones más optimistas. Se llama Paul Seixas y ya sabemos que el ciclismo francés pronto gritará su nombre al final del Tour, dado que la cuestión de su presencia en la salida de Barcelona a principios de julio parece ahora un falso suspenso que debería resolverse la próxima semana. Amará a este lionés de 19 años porque, evidentemente, curará las heridas de una anomalía.
El público lleva 41 años esperando una nueva felicidad. En 1985, Bernard Hinault ganó su quinto Tour de Francia y, en la Francia de Mitterrand de aquella época, nadie creía que la vida fuera a cambiar. Más triste. Y que desde entonces ningún francés habría acabado vestido de amarillo en los Campos Elíseos.