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Mientras las guerras en Medio Oriente, las tensiones en el Golfo y el conflicto entre Rusia y Ucrania remodelan los mapas comerciales y las opciones de viaje, Uzbekistán emerge como una excepción geopolítica y una oportunidad económica. En el corazón de Asia Central, Tashkent se presenta como el centro de lo que analistas y operadores definen como un cinturón de estabilidad, un cinturón de estabilidad por el que pasan rutas aéreas, logísticas y turísticas entre Occidente y Oriente.

Actualmente, muchos turistas europeos tienden a abstenerse de viajar a Asia por temor a la inestabilidad regional. Pero asimilar a Uzbekistán a los escenarios de crisis circundantes es un error geográfico y estratégico. El país está alejado de los frentes de guerra, goza de solidez interna y se consolida como un eje natural entre Europa y Asia.

Los flujos turísticos, especialmente los procedentes de Italia, confirman que esta percepción está cambiando. Nuestro país es hoy el principal mercado europeo de salidas a Uzbekistán. Las llegadas de italianos pasaron de 8.500 en 2022 a 25.000 en 2023, a 38.000 en 2024 y a 44.000 en 2025. Un crecimiento que demuestra no sólo el encanto de Samarcanda, Bukhara y Khiva, sino también una confianza creciente en el destino.

El año 2025 finalizó con casi doce millones de visitantes extranjeros en total, un aumento del dieciséis por ciento respecto al año anterior. Las exportaciones de servicios turísticos superaron los 4.800 millones de dólares, señal de un sector que ahora es fundamental para la estrategia económica nacional. Pero más allá de estas cifras, está tomando forma un cambio más profundo. Los visitantes ya no vienen sólo por la historia, sino que se sienten cada vez más atraídos por una experiencia diversa. Esto incluye una infraestructura de alojamiento moderna, estaciones de esquí de lujo como Amirsoy, una escena gastronómica en crecimiento, una vibrante vida nocturna en Tashkent, festivales internacionales y una mejor conectividad gracias a nuevas rutas aéreas (Milán-Tashkent, Roma-Tashkent) y la liberalización de visas. Uzbekistán se está consolidando poco a poco no sólo como un destino cultural, sino también como un centro turístico dinámico abierto todo el año.

A nivel regulatorio, los procedimientos de entrada se han simplificado considerablemente. El acceso sin visa está disponible para ciudadanos de 94 países, incluida Italia, visa electrónica para otros 52 y un régimen de tránsito facilitado de cinco días para 45 nacionalidades. Medidas que fortalezcan la competitividad y el atractivo en una fase en la que la movilidad global busca certeza más que aventura.

Pero la verdadera ventaja competitiva hoy en día es la seguridad. En un mundo marcado por protestas, inestabilidad y amenazas generalizadas, Uzbekistán pretende perfilarse como un país confiable y ordenado. Los rankings internacionales lo confirman. Según el mapa de riesgo internacional SOS, es uno de los destinos de bajo riesgo, al igual que varios países europeos. En el Índice de Seguridad aparece en el puesto 25 entre 148 países y en los índices dedicados a la seguridad de las mujeres que viajan solas ocupa el primer lugar en el mundo. El Índice Global de Ley y Orden de Gallup también ubica al país entre aquellos con mayor percepción de seguridad pública y confianza en el estado de derecho.

Datos relevantes también provienen del Índice de Terrorismo Global 2026 del Instituto para la Economía y la Paz, según el cual los países de Asia Central siguen estando entre los más seguros del mundo en lo que respecta al riesgo de terrorismo.

Para Italia, que se dirige cada vez más hacia los corredores euroasiáticos, tanto en el plano comercial como turístico, Uzbekistán representa

un destino que debe ser respetado sin prejuicios. No sólo por el patrimonio de la Ruta de la Seda, sino también porque, en una geografía internacional fragmentada, ofrece accesibilidad y estabilidad. Y en tiempos de caos global, eso no es poca cosa.

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