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Durante años, el Tren de Aragua fue considerado un fenómeno criminal limitado a Venezuela, resultado del colapso económico e institucional que ha afectado al país sudamericano durante la última década. Luego vino la expansión por las rutas migratorias de América Latina, la creciente atención de Estados Unidos y finalmente un paso que cambió la percepción del fenómeno incluso en el Viejo Continente: su llegada a Europa.

La operación que en noviembre de 2025 supuso el desmantelamiento de la primera célula activa del Tren de Aragua en España supuso un punto de inflexión. Trece personas fueron detenidas entre Madrid, Barcelona, ​​Girona, Valencia y La Coruña. Según las autoridades españolas, apoyadas por la policía colombiana y el programa europeo EL PACCTO 2.0, los sospechosos no eran simples simpatizantes o delincuentes aislados, sino responsables de subestructuras de la organización dedicada al tráfico de drogas sintéticas y otras actividades ilícitas.

De la cárcel de Tocorón a la corporación criminal multinacional

Para comprender el alcance de la amenaza, debemos partir de sus orígenes. El Tren de Aragua nació en el interior del penal de Tocorón, en el estado venezolano de Aragua. En una Venezuela marcada por la hiperinflación, la crisis económica y el progresivo debilitamiento del Estado, la organización creció hasta el punto de transformar el centro penitenciario en su sede.

Desde hace años, Tocorón se ha convertido en el símbolo de la ausencia de instituciones. Está liderado por Héctor Rusthenford Guerrero Flores, mejor conocido como “Niño Guerrero”, figura casi legendaria en el mundo criminal venezolano, asesinado estas horas durante un operativo conjunto de Estados Unidos y Venezuela.

De un simple grupo carcelario, el Tren de Aragua se transformó en una red criminal transnacional. Su crecimiento se ha visto especialmente favorecido por la gigantesca diáspora venezolana. Según Naciones Unidas, más de siete millones de personas han abandonado el país en los últimos años, dando lugar a uno de los mayores movimientos migratorios contemporáneos. La pandilla siguió estas mismas rutas.

La particularidad del Tren de Aragua es su extraordinaria adaptabilidad. A diferencia de los grandes cárteles mexicanos, no necesariamente apunta al control militar del territorio. Prefiere crear células pequeñas y autónomas, explotar los mercados criminales existentes y explotar las vulnerabilidades sociales e institucionales.

En Estados Unidos, la preocupación creció rápidamente. Washington ha identificado a este grupo como una de las principales amenazas emergentes en América Latina, hasta el punto de incluirlo entre las organizaciones terroristas extranjeras. Pero la creciente presión en las Américas puede haber empujado a parte de la red criminal a espacios operativos nuevos y menos expuestos.

España como puerta de entrada y el riesgo de contagio europeo

El hecho de que el primer brote europeo se haya identificado en España no sorprende a los analistas.

El país alberga una de las comunidades venezolanas más grandes del continente, con fuertes vínculos históricos, culturales y lingüísticos con América del Sur. Madrid y Barcelona también representan importantes centros logísticos, favorecidos por los enlaces aéreos con América Latina.

La investigación coordinada por la policía española permitió identificar una estructura compleja. Se dice que los arrestados ocupaban puestos de liderazgo en varias subsecciones territoriales. Durante los registros se incautaron laboratorios destinados a la producción de “tusi”, la llamada cocaína rosa, así como sustancias estupefacientes, teléfonos cifrados, dinero en efectivo y documentos considerados útiles para actividades delictivas. El aspecto que más preocupa a los investigadores es el nivel de organización. No sería un fenómeno espontáneo o improvisado, sino un intento de arraigo estructurado.

De momento, la presencia del Tren de Aragua en Europa todavía parece limitada. Sin embargo, la experiencia latinoamericana exige cautela. Muchas organizaciones criminales comienzan su expansión a través de células pequeñas, aparentemente marginales, capaces de expandirse rápidamente aprovechando las oportunidades que ofrece la globalización.

Las drogas sintéticas representan uno de los posibles mercados de interés, pero no el único. Los expertos temen una creciente implicación en la explotación de la prostitución, la extorsión dentro de las comunidades de inmigrantes y la gestión de la trata de personas.

El aspecto más controvertido se refiere a los supuestos vínculos indirectos entre el Tren de Aragua y redes cercanas a Hezbollah e Irán presentes en América Latina. Ninguna investigación judicial ha demostrado la existencia de una cadena de mando compartida o una coordinación operativa estable. Lo que surge de numerosos análisis de seguridad es más bien una “convergencia táctica”.

Durante décadas, Hezbollah ha mantenido una presencia financiera y logística en partes de América Latina, particularmente en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay. Varios informes del Departamento del Tesoro estadounidense también han destacado el papel de ciudadanos venezolanos acusados ​​de facilitar actividades vinculadas a la red chií.

Además, altos mandos militares venezolanos en el exilio han denunciado que el gobierno de Nicolás Maduro colabora abiertamente con grupos vinculados a Irán facilitando el trabajo de estas organizaciones, y que el Tren de Aragua actúa en sinergia con el Cartel de los Soles, una red de la élite militar venezolana acusada de traficar cocaína con redes vinculadas a Hezbollah.

El acercamiento político entre Caracas y Teherán ha alimentado aún más las preocupaciones de los analistas. Con el paso de los años, Venezuela habría representado un entorno propicio para el entrelazamiento de redes de contrabandistas, facilitadores financieros, grupos criminales locales y entidades vinculadas a intereses iraníes. En este contexto, el Tren de Aragua sería considerado el actor criminal privilegiado, integrado a ecosistemas ilegales que comparten rutas, intermediarios y herramientas de lavado de dinero.

Las redes utilizadas para el tráfico de migrantes y drogas podrían cruzarse con otros canales ilícitos sin que esto implique necesariamente una colaboración estratégica formalizada. Es precisamente esta zona gris la que más preocupa a las agencias occidentales. Las amenazas contemporáneas ya no se presentan en formas fácilmente clasificables. El terrorismo, el crimen organizado y la competencia geopolítica tienden cada vez más a superponerse.

El Tren de Aragua representa uno de los símbolos de este

transformación: una pandilla nacida en una prisión venezolana que, aprovechando las crisis migratorias, las fragilidades del Estado y las oportunidades que ofrece la globalización, logró transformarse en un actor criminal transnacional.

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