Un salario de 2,5 euros por parto, “por debajo del umbral de pobreza”, en violación de los convenios colectivos pero también de la Constitución, porque no garantizan una “existencia libre y digna”. Además, se prevé un “seguimiento continuo” a través de una “app”, “algunas pausas” y turnos, en todas las condiciones meteorológicas, hasta 12 horas diarias, con “sanciones” en caso de retrasos. Una “explotación” que dura “desde hace años”, una “ilegalidad a la que es imprescindible poner fin lo antes posible”. Los motivos del decreto por el que hoy la fiscalía de Milán, encabezada por Marcello Viola, ordenó urgentemente el control judicial de Foodinho, la empresa milanesa de reparto de comida a domicilio del gigante español Glovo, son muy duras.
El presunto delito implica la manipulación de unos 40.000 jinetes empleados en toda Italia. Y ahora, la medida tendrá que pasar el examen de un juez de instrucción.
Como escribe el fiscal Paolo Storari, que lleva años realizando numerosas investigaciones de este tipo, el administrador judicial designado, Adriano Romanò, deberá proceder a la “regularización de los trabajadores”, 40.000 en realidad, y adoptar “medidas adecuadas” para “evitar la repetición de fenómenos” de explotación.
En la investigación llevada a cabo por los carabinieri de la inspección del trabajo está imputado el español Oscar Pierre Miquel, director de Foodinho (la empresa también está registrada). Como director único habría utilizado “una mano de obra en condiciones de explotación y aprovechándose del estado de necesidad”. En particular, se lee en el decreto, “correspondía a los corredores” – dos mil sólo en Milán – “un salario en algunos casos hasta un 76,95% inferior al umbral de pobreza y hasta un 81,62% inferior al convenio colectivo”.
Hay decenas de testimonios de ciclistas, en su mayoría extranjeros, incluidos paquistaníes y ghaneses, que también necesitan enviar dinero para sus familias en casa. “Siempre estoy geolocalizado a través de la aplicación y, si me retraso en una entrega, Glovo me llama para saber qué pasa (…) La compensación varía entre 2,50 y 3,70 euros por entrega”, se lee en un comunicado. Muchos afirmaron que con sus “bicicletas eléctricas”, trabajando en el centro de Milán, entre el Duomo y la estación central, no ganaban más de “800 o 900 euros” al mes. Luego explicaron que habían “sufrido sanciones” por retrasos en la entrega.
“Me siento como un número en el andén. Y si me roban la bicicleta, todos los gastos son mi responsabilidad”, dice uno de ellos. “Me llama Glovo y me dice que acelere”, dijo otro. Y de nuevo: “Estoy monitorizado vía GPS y Glovo puede ver si paro”. Y otro corredor afirma hacer “una veintena de entregas” al día, “recorriendo entre cincuenta y sesenta kilómetros”. Conforme pasan los minutos, leemos: “Tengo que ser un caballero para sobrevivir”. Y nuevamente: “En Milán es muy difícil afrontar tantos gastos (…) Estoy muy preocupado y triste (…) mi esposa y mi hija de un año viven en Pakistán”.
La “plataforma”, escribe el fiscal, “regula la distribución del trabajo” y afecta los salarios a través de “parámetros de desempeño”, como “aceptación, puntualidad, disponibilidad”. Es una “heteroorganización digital” de trabajadores que, dados sus salarios, se ven reducidos a la “miseria”.
Es probable, a partir también de estos testimonios, que la Fiscalía continúe también sus investigaciones sobre otras empresas, como ha ocurrido en casos similares y por estos expedientes reiterados en los sectores de la logística y el transporte, la moda y la seguridad privada. En mayo de 2020, una investigación del fiscal Storari condujo, en particular, a que la filial italiana de Uber, que en aquel momento también prestaba servicios de entrega, fuera puesta bajo vigilancia por manipulación de bandas. Un ex gerente se mudó en febrero de 2025.
Reproducción reservada © Copyright ANSA