A pesar de los numerosos y estruendosos aplausos en los teatros más famosos del mundo, hay un podio que representa para Riccardo Chailly una emoción particular que le resulta difícil ocultar: la de la Piazza Duomo de Milán. Precisamente aquí, frente a la majestuosa catedral, también este año el maestro se prepara para dirigir el “concierto” (será el 13 de junio) de su Filarmónica donde, hace sonreír, por fin podrá dar rienda suelta a sus ideas más extrañas y a veces experimentales, porque la plaza es, en definitiva, el ágora más democrática que sólo responde a gustos y emociones, mucho más allá de las inevitables etiquetas impuestas por los programas de La Scala. “Es cierto”, admite, “aquí me siento libre de abordar nuevos temas y nuevos autores, y por esta libertad artística debo agradecer a una orquesta culta y sensible con la que tengo casi total confianza y comparto pensamientos”. Pero el agradecimiento del maestro va también a la plaza milanesa que, por primera vez, contará con 5.000 asientos: “Durante mi carrera he dirigido en las plazas de muchas grandes ciudades, pero sólo aquí, en el silencio respetuoso de este público entrenado para escuchar, me siento como si estuviera en un auditorio”. Doce veces director de las trece ediciones organizadas hasta el momento, Chailly ha contribuido a hacer de este evento uno de los eventos musicales más esperados del año, un momento de encuentro entre la excelencia artística y la participación popular. Un evento posible también gracias al apoyo de socios que creen desde hace años en el valor cultural y social de la iniciativa: Allianz, UniCredit y Esselunga, que, junto con la Filarmónica della Scala, contribuyen a ofrecer a la ciudad una velada de arte, belleza y participación.
Para este concierto, el foco se centra en el siglo XX, que se convierte en un viaje que combina las sugerencias de la ópera rusa, los sonidos del jazz y la energía de los musicales americanos. La velada se abrirá con bailes extraídos de Aleko de Sergej Rachmaninov, páginas llenas de color y vitalidad que evocan atmósferas populares y pasiones desbordantes. A esto le seguirá la brillante suite La historia del sacerdote y su trabajador Balda de Dmitrij Ostakovi, música llena de invención, ironía y espíritu teatral. El corazón de la velada estará a cargo del famoso Concierto en fa mayor de George Gershwin, una auténtica obra maestra del siglo XX que combina el lenguaje sinfónico europeo con el ritmo y la libertad expresiva del jazz americano. El cierre serán las irresistibles Danzas Sinfónicas de West Side Story de Leonard Bernstein, donde el musical se eleva hacia una gran forma sinfónica, entre energía urbana, tensión dramática y melodías que han pasado a la historia. Pero la verdadera joya de la edición de 2026 será el comienzo con la Filarmónica della Scala del pianista japonés Hayato Sumino, uno de los talentos más sorprendentes del nuevo panorama musical internacional. Apenas treinta años, más de 2,2 millones de seguidores en plataformas digitales, conciertos en las salas más prestigiosas del mundo y un Récord Mundial Guinness conseguido en 2025 gracias al mayor recital de piano solo bajo techo jamás organizado, con más de 18.500 espectadores en el K Arena de Yokohama: Sumino representa una nueva generación de artistas capaces de combinar virtuosismo, creatividad y comunicación. Su historia personal es igualmente única.
Paralelamente a su carrera musical, Hayato obtuvo una maestría en ingeniería de la Universidad de Tokio, recibiendo el Premio del Presidente por logros sobresalientes en estudios científicos y actividad artística. Un viaje extraordinario que refleja a la perfección su personalidad: curioso, innovador y abierto a la contaminación.