La anunciada retirada de 5.000 soldados estadounidenses estacionados en Alemania, decidida el 30 de abril, ha reavivado las preocupaciones en Europa. Sobre todo porque Donald Trump, al mismo tiempo, sugirió que Italia y España también podrían verse afectadas por futuras reducciones de tropas estadounidenses, recuerda un artículo de Euromaidan Press.
En este contexto, varios responsables de la defensa europeos creen que los próximos dos años podrían constituir un período especialmente peligroso. Según Politico, se teme que Rusia aproveche un momento de fragilidad para poner a prueba la cohesión de la OTAN, incluso si Europa aún no ha completado su rearme y a Donald Trump todavía le quedan algunos años en la Casa Blanca.
Desde hace dos años, ministros, servicios secretos y líderes militares europeos vienen dando la alarma sobre un posible nuevo ataque ruso. Todos describen el mismo escenario: Moscú puede intentar crear una crisis antes de que Europa esté completamente preparada para defenderse. En febrero de 2024, el ex ministro de Asuntos Exteriores lituano, Gabrielius Landsbergis, advirtió que no deberíamos esperar a un “Pearl Harbor” europeo.
Todavía en 2024, la inteligencia estonia hablaba de que Rusia estaba involucrada en una confrontación a largo plazo con Occidente, mientras que el Ministro de Defensa danés estimaba que un ataque contra un país de la OTAN podría ocurrir dentro de tres a cinco años.
Una pequeña ventana de vulnerabilidad
Luego, otros funcionarios presentaron plazos similares. En 2024, Boris Pistorius pidió que el ejército alemán estuviera preparado para la guerra en 2029, y el jefe de defensa de Noruega habló de un plazo de dos a tres años. El jefe de los servicios secretos alemanes cree que es posible un ataque ruso a la OTAN antes de finales de esta década.
Rusia, por su parte, ha reforzado enormemente su esfuerzo militar. Las estimaciones muestran que el gasto en defensa habrá alcanzado alrededor del 7,3%-7,5% del PIB en 2025, mientras que la Unión Europea también está aumentando sus presupuestos, pero siguiendo un calendario más lento, con un objetivo de preparación fijado para 2030. Es precisamente esta brecha la que preocupa a algunos europeos, conscientes de la ventana de vulnerabilidad que presentarán los próximos cuatro años.
Los escenarios temidos no son necesariamente los de una invasión masiva. Rusia, que está muy comprometida en el frente ucraniano, sin duda tendría dificultades para sostener tal esfuerzo. Varios funcionarios, sin embargo, evocan acciones limitadas, ambiguas y difíciles de atribuir: ataques con drones, incidentes en el Mar Báltico, maniobras en el Ártico o provocaciones en pequeños territorios, con el objetivo de poner a prueba el artículo 5 de la OTAN en lugar de desatar una guerra abierta.
Esta lectura, sin embargo, no es compartida por todos. Algunos líderes, diplomáticos o funcionarios europeos creen, por el contrario, que un ataque ruso directo contra un país aliado sigue siendo improbable a corto plazo, porque de hecho Moscú todavía está absorbido por la guerra en Ucrania, y que un nuevo frente sería suicida para el Kremlin, militar y económicamente.