Al final de una larga campaña electoral centrada en cuestiones de seguridad y migración, Chile afronta la decisiva segunda vuelta de las elecciones presidenciales con la posibilidad concreta de un giro decisivo hacia la derecha que llevaría al país a un escenario sin precedentes desde el regreso de la democracia en 1990. Los contendientes son el líder ultraconservador del Partido Republicano, José Antonio Kast, que, tras haber superado el obstáculo de la primera vuelta, cuenta con el apoyo de todo el espectro de la derecha y del centro-derecha, y de la comunista Jeannette. Jara, líder del Partido Republicano. de una coalición de izquierdas en la que también participan los democristianos.
Los últimos sondeos no dejan lugar a dudas e indican una clara ventaja de Kast, al que se atribuye el 58% de las preferencias, frente al 42% de Jara. El líder ultraconservador, que ahora tiene 59 años y hace su tercer intento de tomar posesión del cargo en el palacio presidencial de “La Moneda”, parece haber convencido a los electores, preocupados por la creciente presencia de bandas venezolanas en el país y un ligero aumento de la tasa de homicidios, de la eficacia de sus recetas de acero contra la delincuencia y la inmigración ilegal. Durante el último debate televisado, Kast prometió cerrar las fronteras y dio a los residentes ilegales 92 días para abandonar el país. Este es el tiempo entre la segunda vuelta y la posible toma de posesión en caso de victoria. Los comentarios de Kast desencadenaron inmediatamente una crisis en la frontera norte con Perú, donde cientos de migrantes, principalmente venezolanos, han acudido en masa para buscar refugio en el país vecino.
La “psicosis” de seguridad –Chile sigue estando entre los países más seguros de toda América Latina según el índice de homicidios– también incidió en la campaña del candidato de izquierda. Para cerrar la brecha en las encuestas, Jara se ha visto obligada en las últimas semanas a endurecer su retórica sobre la lucha contra el crimen, dejando en parte de lado las promesas de acelerar el crecimiento económico y reducir las desigualdades. Tras la votación, Kast aseguró en cualquier caso que en caso de ganar sería “el presidente de todos los chilenos cualesquiera que sean las diferencias políticas”, mientras Jara, en un último intento por recuperar votos, se distanció del actual presidente Gabriel Boric. “Sólo puedo responder de mi trabajo como Ministro de Trabajo”, declaró en una rueda de prensa ante quienes le pidieron que hiciera un balance del Gobierno saliente. “Puedo hablar de la reforma de la seguridad social, la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, la reanudación del empleo con 580.000 puestos y el aumento del salario mínimo”, afirmó. Solo han pasado seis años desde las protestas sociales de 2019 que impulsaron a Boric a la presidencia y hoy, treinta y cinco años después del fin de la dictadura, Chile podría ver regresar a la presidencia a uno de sus más acérrimos defensores. De salir victorioso, Kast sería el primer presidente demócrata en votar por Pinochet en el histórico plebiscito de 1988 que impidió que el dictador chileno permaneciera en el poder.
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