Parte esencial de nuestra dieta y pilar de la soberanía alimentaria francesa y europea, la patata está cada vez más implicada en la transición agrícola. El sector acaba de realizar su primera evaluación integral de carbono: menos de 0,3 kg de CO₂ equivalente por kg producido. “Es un enfoque colectivo sin precedentes”subraya Joanny Dussurgey, presidente del CNIPT. “ Trabajamos codo a codo con todos los eslabones para construir una trayectoria ambiciosa, realista y compartida. »
El embalaje ocupa el primer lugar con el 35% de la huella de carbono, seguido de la producción agrícola (30%, de los cuales dos tercios están relacionados con la fertilización), el transporte (24%) y el almacenamiento (11%). Para cada puesto se han identificado soluciones concretas: envases reciclados o de origen biológico, fertilizantes de menor impacto, optimización de la logística, mejora de la eficiencia energética de los almacenes, etc.
En total, se han definido 44 palancas de acción para reducir el impacto ambiental del sector y alcanzar la ambición de reducir las emisiones de carbono en un 17%.
El impulso está en marcha. Fabricantes, envasadores, transportistas y distribuidores se comprometen colectivamente a convertir esta hoja de ruta en acciones concretas. El objetivo: seguir suministrando patatas de calidad, en cantidad suficiente, hoy y mañana, reduciendo al mismo tiempo el impacto medioambiental. Un enfoque colectivo que garantiza la sostenibilidad de un alimento esencial para nuestra dieta.
>>> Para obtener más información, visite Potateforever.eu/es
*Patatas para siempre
Financiado por la Unión Europea. Sin embargo, las posiciones y opiniones expresadas son las de los autores y no reflejan necesariamente las de la Unión Europea o la Agencia Ejecutiva Europea de Investigación (REA). Ni la Unión Europea ni la autoridad otorgante pueden ser considerados responsables.