Mientras tanto, siguen, tocan, graban discos y hacen una gira que ni siquiera se compara con la de una banda de veinte años, 85 conciertos en tres continentes porque “queremos hacerlo todo este año, quién sabe qué pasará el año que viene”. Deep Purple se formó justo antes del mes francés de mayo y su año 68 aún no ha terminado, ¡ya que mañana lanzarán canciones de Splat! y, como explica el cantante Ian Gillan, impresionante porque con casi 81 años canta como hace medio siglo: “El Deep Purple de hoy suena mucho a una versión actual del Deep Purple de los años 70”.
Y en efecto he aquí trece piezas que no tienen -y cómo podrían tener- la misma energía explosiva de discos como In rock o Machine head pero joder si son duras con todo el entrelazamiento de teclados y guitarras, de atmósferas inclinadas al progresivo pero con los pies firmemente anclados en el rock, lo duro, áspero, cuadrado, impertinente como en Guilt trippin’ o maravillosamente nostálgico como The only horse in town. Y luego está la batería que es protagonista pero sólo por resta porque la toca Ian Paice, que anteayer cumplió 78 años, alguien que no es un equilibrista pero nadie mide el tiempo como él. Para Rolling Stone es uno de los mejores bateristas de todos los tiempos y para Deep Purple es el último miembro fundador, los demás se han perdido o han muerto. Habiendo vendido más de 120 millones de discos y llenado estadios en todo el mundo, ha podido aprovechar y disfrutar de lo mejor. En cambio, siempre suena pase lo que pase. Si Deep Purple no está allí, se va de gira con músicos menos conocidos o incluso desconocidos, y “la verdadera vergüenza de nuestro mundo es que ya no hay clubes pequeños donde hacer música”. Sí pero ¿por qué? “Porque a mi edad, si paras, se acaba. Y siempre quiero mantener mis músculos en forma. Llevo décadas tocando fuerte la batería pero siempre mantienen la misma posición, sabes que tus caderas tienen que estar alineadas…”. Cuando habla, aquí en un hotel de Milán, está al lado del guitarrista Simon McBride, nacido cuando Deep Purple se disolvió, es decir, en 1979, y ahora debe evitar romper bajo el peso de las comparaciones dado que antes de su llegada, en este grupo estaban Ritchie Blackmore, Tommy Bolin, Joe Satriani, Steve Morse, por así decirlo, es decir, virtuosos equilibristas que los niños estudian en la escuela. “Me gusta mucho Billy Gibbons de ZZ Top y el gran Stevie Ray Vaughan”, explica mientras precisa que nunca ha conocido a Blackmore pero toca como puede el solo de la estrella de Highway, sin duda uno de los más simbólicos del rock como el de Comfortably numb de Pink Floyd o Stairway to Heaven de Led Zeppelin o Free bird de Lynyrd Skynyrd y Hotel California de los Eagles. Regalos.
“Recuerdo -habla Ian Paice- cuando en el California Jam de 1974, Ritchie Blackmore echó gasolina a los amplificadores porque queríamos hacer un poco de ruido, pero entonces todo explotó, ¡boom!, el pelo de Ritchie se incendió e incluso a mí, que estaba a diez metros de distancia, mis gafas salieron volando. Sin embargo, y esto ayuda a entender el espíritu con el que tocaba la gente entonces, cuando intentaba anotar lo que había pasado, vi a uno de los técnicos tumbado porque tenía miedo, ¡Dios mío, se hizo daño, me equivoqué: se reía como un loco! En resumen, Deep Purple son testimonios de un período que algunos pueden velar con una nostalgia llorosa pero que ya no se puede repetir: “Ahora, las estrellas del pop se despiertan al amanecer y salen a correr, para nosotros siempre fue el sábado por la noche”, repiten irremediablemente, titulan el álbum Splat!, no en un sentido apocalíptico sino como una metamorfosis hacia el futuro. Salpicar. “Todo evoluciona”, sonríe Ian Paice, que recuerda cuando tenía dieciséis años pero ya jugaba profesionalmente. “Estuve en Milán entre 1966 y 1967, con mi banda de entonces, tocamos tres meses en el Teatro Lirico como banda de acompañamiento de un espectáculo que no entendíamos ni una palabra porque era en italiano. Me comprometí con una chica que trabajaba en estos grandes almacenes, ¿cómo se llama?, ah, ella es Upim”.
Han pasado sesenta años desde entonces, Upim ya no existe pero todavía hay una banda que toca rock como si no fuera a terminar nunca: “¿Hacer una gira de despedida? Nunca. Las giras de despedida son sólo para pagar las cuentas”. Y Deep Purple no tiene deudas. A lo sumo es el rock el que se los lleva consigo.