Foto de : Médiaset
Ignacio Riccio
Diecinueve años después del asesinato de Chiara Poggi, el asunto Garlasco vuelve a centrarse en un par de zapatos. Estos zapatos: la señora con suela de lunares que dejó 27 huellas en el suelo de la casa Poggi la mañana del 13 de agosto de 2007. Huellas sobre las que, aún hoy, se juega un juego legal, que está lejos de terminar. La fiscalía de Pavía reabrió el caso centrado en Andrea Sempio, amigo de infancia de Alberto Stasi -condenado definitivamente por el crimen- y la defensa de Sempio decidió responder con un experimento técnico que podría resultar decisivo: hacer que su cliente usara los mismos modelos de zapatos que habría utilizado el asesino.

Los asesores de la defensa, los técnicos De Angelis y Palmeggiani, consiguieron dos pares de zapatos Frau del modelo utilizado en 2007, ya fuera de producción, adquiridos en un sitio especializado en artículos de segunda mano – uno de gamuza del número 42 y el otro de material sintético oscuro del número 43 – después, según la defensa, los técnicos de la fiscalía no pudieron encontrarlos. Sempio tuvo que usar ambos pares y la prueba quedó grabada en video. Según los consultores de defensa, el número 42 habría quedado “demasiado ajustado y no ajustado”, mientras que el 43 habría permitido la entrada del pie, pero seguiría siendo demasiado ajustado para un uso normal. Las imágenes, combinadas con nuevas mediciones, se archivarán en la fiscalía de Pavía. En el centro del problema hay una medida: la del pie derecho de Sempio, tomada por el doctor Cattaneo. El pie mide 27,2 centímetros de largo y 11,3 centímetros de ancho. La huella del asesino, sin embargo, tiene una longitud de 27 centímetros y una anchura de 9,5 centímetros, compatible según valoraciones técnicas con un zapato de entre 42 y 43. El pie de Sempio sería, por tanto, dos milímetros más largo, pero sobre todo 1,8 centímetros más ancho que la huella. Una diferencia que la defensa considera incompatible, pero que el fiscal podría impugnar llamando la atención sobre un factor temporal: las medidas detectadas hoy no son necesariamente las de 2007.

Un médico ortopédico habló sobre este punto en Quarto Grado en Rete4, según el cual “lo que puede suceder con los años es que la planta del pie se ensanche. Más que la longitud, es la anchura la que sufre cambios con el tiempo, hasta un máximo de un centímetro y medio”. Una evaluación que abre una ventana a la hipótesis acusadora: si el pie se ensancha con la edad, ¿es posible que Sempio, entonces con veinte años, tuviera una conformación más fina que la actual? La defensa juega otra carta: las fotografías del vestuario de Sempio, que muestran exclusivamente zapatos de la talla 44, y las imágenes tomadas en 2017 por sus abogados de entonces, durante su primera investigación, en las que lleva el mismo número. Mirko Crepaldi, entonces amigo de Sempio, fue llamado para corroborar esta teoría: “¿Qué talla llevaba Andrea?”. le preguntaron. “44” respondió con seguridad, recordando un episodio específico en el centro comercial. Un testimonio directo, pero que difícilmente podrá soportar por sí solo el peso de una refutación técnica. El caso Garlasco sigue siendo uno de los más discutidos en la actualidad judicial italiana. El proceso contra Sempio aún se encuentra en fase de instrucción: sin acusación, sin certeza procesal. Las imágenes del experimento de Frau pronto estarán en manos de la fiscalía. Entonces el poder judicial decidirá si estas pruebas tienen algún valor.