Un punto, todos no hacen daño a nadie. Es el sentido futbolístico de este Milan-Juve el que ofrece, en conjunto, algunas emociones y una ganancia millonaria, porque señala el desafío entre la mejor defensa del campeonato (Rossonera, 27 goles encajados) y el ataque (Juventus), que sigue teniendo graves déficits. Sin embargo, incluso en esta ocasión, Spalletti lo intentó todo, incluso Vlahovic en la final, y se presentó en San Siro con la esperanza de apoderarse de un espacio vital entre estas dos legiones de fanáticos del AC Milan alineados de manera casi militar. Conceiçao en la primera parte (gol en fuera de juego de Thuram y parada de Maignan) y Saelemaekers en la segunda parte (golpe en el travesaño) representan las raras oportunidades para que el fútbol tome vuelo. Al final, es probable que el objetivo tácito de ambos entrenadores fuera el empate. La Champions está más cerca para ambos.
Vamos, es como si Allegri y Spalletti estuvieran jugando más al ajedrez que al fútbol, una jugada tras otra, pero sin forzar el ritmo. El Milan deja a Leao y Pulisic a un lado en sus respectivos lados para quitarle el punto de referencia a Bremer que, como parado, apunta hacia adelante en busca de la gloria. Después de media hora, la Juve decidió atreverse recurriendo a Conceiçao, que empezaba a hacer pasar un mal rato a Bartesaghi, en condiciones precarias y cuya presencia permaneció incierta hasta el sábado por la noche. Es el portugués de Spalletti quien promueve el bombardeo que hace temblar a la afición del AC Milan: Bartesaghi salta y sirve a Thuram, que firma el sello ante la portería pero en evidente posición de fuera de juego. Más tarde, todavía en Conceiçao, Maignan contraataca con su silueta: la defensa rossoneri sufre por ese lado. En la segunda parte llega Estupiñán y se ven algunas mejoras. Del otro lado, el Milan hizo vibrar San Siro gracias al ataque de Rabiot cuyo zurdazo fue bloqueado por Di Gregorio. La segunda parte sigue el mismo escenario táctico, pero marca la primera ofensiva del AC Milan gracias a una maniobra entre Pulisic y Leao que se abre por la derecha para Saelemaekers que, desde una posición favorable, atrapa el borde del travesaño de la Juventus. Cuando llega el momento de los cambios en ambos banquillos, es la confirmación evidente del intento de encontrar una solución diferente al final del partido. Pulisic no acepta bien el recambio (a favor de Fullkrug) pero su rendimiento vuelve a estar por debajo del umbral como Fofana (Ricci en su lugar). Por una vez Modric se rinde (tras un choque fortuito con Locatelli, ovación para él) y es entonces cuando Allegri concluye las 5 sustituciones con Jashari y Nkunku tomando el relevo de Leao. Spalletti también cede al cambio de secuencia primero con Holm y Koopmaeiers y luego poniendo en juego a Zhegrova más Yildiz y Vlahovic, toda la artillería alineada en el banquillo, lo que representa la búsqueda desesperada de un número eficaz para resolver el duelo rústico.