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Este lunes 27 de abril de 2026 se inaugura en Oakland el juicio entre Elon Musk y OpenAI. Los documentos internos sugieren que la medida comercial había sido planeada desde el principio. El diario de Greg Brockman, pieza central del ensayo Musk-OpenAI, revela las dudas de la dirección de 2017 sobre la sinceridad del modelo sin fines de lucro de la nueva empresa.

Información para recordar

¿Por qué Elon Musk demanda a OpenAI?

  • El empresario acusa a Sam Altman de traicionar la misión original de la organización sin fines de lucro en favor de un modelo de negocio rentable.

  • Musk denuncia la asociación con Microsoft, que transforma OpenAI en una “caja negra” cuyos modelos el gigante tecnológico tiene derechos exclusivos.

  • Musk está pidiendo entre 134.000 y 150.000 millones de dólares para financiar la rama benéfica de AI.

Este lunes 27 de abril de 2026 comienza en Oakland, California, el juicio más esperado del año. Elon Musk se enfrenta a sus antiguos aliados, Sam Altman y Greg Brockman. En el centro del duelo: notas que sugieren que la transformación de OpenAI en un gigante comercial fue planeada desde el principio.

En apenas unas horas, el hombre más rico del mundo se enfrentará al que se ha convertido en el rostro mundial de la inteligencia artificial. Este enfrentamiento va más allá de simples quejas personales. Plantea la pregunta misma de cómo la IA generativa se estableció entre el público en general, bajo la bandera altruista del código abierto, antes de transformarse en un titán financiero valorado en 500 mil millones de dólares. O para decirlo más claramente: ¿Sam Altman traicionó conscientemente a sus donantes?

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Para comprender el enfado de Elon Musk hay que remontarse a diciembre de 2015. En aquel momento, la inteligencia artificial era vista como un riesgo para la civilización que sólo los laboratorios abiertos podían controlar. Musk, Altman y Brockman fundaron OpenAI con una promesa escrita en piedra: crear una organización sin fines de lucro que beneficie a la humanidad.

“Era mentira”: la confesión de Greg Brockman

Entre 2015 y 2020, Musk invirtió al menos 38 millones de dólares en esta empresa. Garantiza así la independencia de producción en comparación con los gigantes digitales. El pacto es claro: la investigación debe seguir siendo pública, los códigos accesibles y no se debe distribuir ningún beneficio. Es este baluarte contra la privatización de la IA el que está siendo destruido hoy.

La pieza central de la acusación es un documento interno, extractos del cual fueron desclasificados por el tribunal en enero pasado. El diario personal de Greg Brockman, presidente de OpenAI, ofrece una visión de las dudas que preocuparon a la dirección en 2017.

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El 6 de noviembre de 2017, mientras OpenAI todavía ponía una fachada caritativa, Brockman escribió: “No puedo decir que estemos comprometidos con las organizaciones sin fines de lucro… Si tres meses después hacemos una B-Corp (empresa certificada por su gobernanza), entonces fue mentira”. Otro pasaje fechado en septiembre de 2017 revela su miedo. “robar sin lucro” para Musk, llamando a esta maniobra “moralmente en bancarrota”.

La “máquina de hacer dinero” y la sombra de Microsoft

Estos escritos sugieren que mientras Sam Altman tranquilizaba a sus donantes sobre la generosa misión de la nueva empresa, su personal ya estaba preparando la transición a una estructura rentable. Musk utiliza estas notas para demostrar una violación del “fideicomiso benéfico”: según la ley de California, desviar los activos de una organización benéfica a intereses privados es motivo de fuertes multas.

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De hecho, la transición se produjo en marzo de 2019 con la creación de una sucursal con beneficios limitados. El objetivo oficial es atraer el capital necesario para la potencia informática. El efecto concreto, según la denuncia de Musk, es transformar OpenAI en una filial de facto de Microsoft.

El gigante de Redmond ha invertido alrededor de 13 mil millones de dólares. A cambio, se beneficia de derechos exclusivos sobre modelos de aprendizaje automático. En 2025, los ingresos de OpenAI alcanzaron los 13.100 millones de dólares, a pesar de una pérdida operativa de 9.000 millones de dólares ligada a los costes de infraestructura. Para Musk, esta asociación transformó un laboratorio abierto en una “caja negra” al servicio de un único accionista. Ahora pide entre 134.000 y 150.000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, una suma que pretende reinvertir en el sector benéfico.

La contraofensiva de Elon Musk

Mientras persigue OpenAI para su lucrativo cambio, Elon Musk ha consolidado su poder para no perder la carrera armamentista digital. En febrero de 2026, SpaceX absorbió xAI, creando una entidad valorada en 1,25 billones de dólares.

El enfoque de Musk es radical: dado que la IA terrestre enfrenta limitaciones energéticas, quiere ponerla en órbita. Utilizando la constelación Starlink y el vehículo de lanzamiento pesado Starship, planea instalar centros de datos alimentados por energía solar en el espacio. Esta integración vertical, que combina la conquista espacial y la informática avanzada, le permitirá registrar un beneficio operativo de 7.500 millones de dólares en 2025. SpaceX también prepara una salida a bolsa histórica para el próximo junio, con un objetivo de recaudación de fondos de 75.000 millones de dólares.

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Más allá de las cifras, este proceso plantea la cuestión del “cierre” de los bienes comunes tecnológicos. Si la jueza Yvonne González Rogers falla a favor de Musk, podría obligar a OpenAI a hacer públicos sus algoritmos, rompiendo la exclusividad de Microsoft. Por el contrario, una victoria de Altman validaría el modelo de estructuras híbridas, en las que una misión caritativa sirve como plataforma de lanzamiento para un imperio económico.

La decisión se tomará en dos fases. Un jurado emitirá un veredicto consultivo sobre la responsabilidad de los directores, pero sólo el juez decidirá sobre las sanciones financieras y estructurales. El juicio, que se espera que dure cuatro semanas, acaba de comenzar, pero el artículo de Greg Brockman ya ha destruido el mito del altruismo de Silicon Valley.

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