La ofensiva aduanera de Donald Trump ha vuelto a estrellarse contra el muro de la justicia estadounidense. El Tribunal de Comercio Internacional de los Estados Unidos anuló, el jueves 7 de mayo, el impuesto de importación del 10% decretado por el presidente estadounidense en febrero, hacia todos los demás países del planeta. Los jueces federales dictaminaron que el presidente había excedido una vez más sus prerrogativas, mientras que la tributación normalmente recae en el Congreso.
El revés es grave, ya que los aranceles aduaneros son el alfa y omega de la visión económica y geopolítica de Donald Trump. Se basa en la idea, muy cuestionable a nivel económico, de que otros países del planeta se benefician de la generosidad estadounidense sin pagar a cambio el precio justo. Los impuestos a las importaciones están adornados con todas las virtudes (reindustrializar el país y llenar las arcas estatales), lo cual también es cuestionable. Y corresponden a la idea que tiene el presidente de relaciones con otros países, basadas en amenazas, negociaciones y obtención de acuerdos favorables a Washington.
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