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Hay una delgada línea de falla, casi invisible, que separa el sueño de su inevitable decadencia. Una frontera geográfica y emocional que la literatura contemporánea, cuando rechaza los cánones de clasificación del consuelo burgués, se encarga de trazar. con ferocidad. La ilusión de otro lugar al que escapar, ya sea la brillante e hipócrita máquina mitopoética de Los Ángeles o el microcosmos hiperprovincial de una Italia profunda y olvidada, siempre choca con la dureza de la realidad. Para recordarles, con dos operaciones editoriales tan distantes cronológicamente como cercanas en claridad analítica, son dos novelas capaz de radiografiar el vacío existencial que se esconde detrás de la fachada del bienestar.

La primera pieza de este mosaico es Así que adiós De Gavin Lambert, resucitado por la editorial Accento en la oportuna traducción de Ilaria Oddenino. Lambert, un muy buen intelectual y guionista que vivió hollywood Desde dentro, sin dejarse engullir nunca, crea una obra coral y despiadada. A través de tres largas historias que se entrelazan como los caminos que atraviesan los cañones californianos, el autor nos lleva detrás de escena del mito. Sus personajes –actores fracasados, guionistas cínicos, mujeres suspendidas al borde de un ataque de nervios– evolucionan en un Los Ángeles. suspendido entre finales de los cincuenta y los sesenta, una época dorada que ya se estaba pudriendo. La prosa de Lambert es secodesprovisto de este romanticismo nostálgico que a menudo tiñe la literatura del cine; es la mirada de un antropólogo observando una tribu sentenciado a un aislamiento dorado, donde las relaciones humanas se reducen a arrendamientos emocionales y la felicidad es sólo una cuestión de relaciones públicas.

Si Lambert analiza el ocaso del sueño de ultramar, Jacopo Iannuzzi con Siro (publicado por Mercurio Books) nos sumerge en el asfalto ardiente y las contradicciones de una provincia italiana que ha perdido toda identidad rural para convertirse en la periferia del alma. Iannuzzi, una de las voces más interesantes y rigurosas de la nueva ficción italiana, construye un bildungsroman volcadodominado por un lenguaje terroso, anguloso y extraordinariamente visual. El protagonista, Siro, evoluciona en un paisaje antropogénico degradado, formado por naves industriales abandonadas, rotondas y soledades generacionales. Aquí no hay focos de Hollywood para ocultar la pobreza, sino las luces de neón de las tiendas de descuento y los bares de barrio.

Iannuzzi tiene el mérito político de no caer en un sociologismo improvisado: habla de ira apagada, de desorientación de una juventud que ya no tiene mitos a los que aferrarse y que se enfrenta día a día a la precariedad profesional y emocional.

Leer a Lambert e Iannuzzi uno tras otro es como emprender un viaje reflejado en los pasillos de la soledad global. Por un lado el Los Ángeles de ayer, prototipo de ese individualismo desenfrenado que luego colonizará el planeta; allende provincia italiana de hoy, que mastica las migajas de este individualismo y sufre el fracaso. Ambos autores rechazan tramas tranquilizadoras y finales agradables, prefiriendo ofrecer al lector una verdad desnuda e incómoda: La geografía nunca es una ruta de escape.. Dos libros punzantes, que recuerdan la función primordial de la literatura: ser el espejo deformante, y por ello verazde nuestras peores ilusiones.

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