Y entonces yo sería el fascista, se queja Giuseppe Valditara. Al contrario, afirmó desde Atreju, ocurre lo contrario, “algunos miembros de la oposición tienen una mentalidad totalitaria”, quienes “sostienen que quiero saber si Francesca Albanese incitó a ocupar las escuelas porque el gobierno sería cómplice de un genocidio”. Aplausos, emociones, público bastante cálido.
Y entonces yo sería la veleta, se quejó Matteo Renzi unas horas más tarde en el mismo escenario, enfrascado en un “uno contra todos” sobre las reformas y la ley electoral. El público murmura, silba, comenta, habla con el ex primer ministro, que ciertamente no se asusta. “¿Estás enojado conmigo? Escucha, tu aliado Calderoli ha impuesto la ley sucia”, dice mientras el presentador Bruno Vespa no toca el balón. Entonces Renzi se levanta y se sienta, confunde la Cámara con el Senado, discute con Elisabetta Casellati sobre el cargo de Primer Ministro, “haz el Schifezzellum”, “Matteo no sabe dialogar, evitas la confrontación”, se burla de Calderoli, “Robertino permanece tranquilo”, lo retienen, hasta que Crosetto se lo lleva casi físicamente entre risas generales.
Peleas y abrazos, altos decibeles. Es una belleza política, hecha de pasión y participación, de banquetes y bocadillos de mortadela, una atmósfera antigua que encontramos aquí en los jardines del Castel Sant’Angelo, donde durante diez días Atreju es el ombligo de Italia. Todos vinieron excepto Elli Schlein, desde Raul Bova que se quejó de los ataques a la red hasta Abu Mazen que le agradeció la ayuda a Gaza. Aquí también está Gigi Buffon. “Creo que Giorgia Meloni representa de la mejor manera a nuestra nación. En resumen, ha gobernado durante mucho tiempo y este es un resultado excelente”.
Se aprecia la estabilidad, como la gente de Fdi aprecia la actitud con la que Valditara organizó una inspección de los institutos toscanos. “Quiero saber si Francesca Albanese, durante algunas clases, dijo que era un gobierno formado por fascistas y cómplices del genocidio, si realmente incitó a ocupar las escuelas”. Pues “si me culpas por querer aclarar las cosas es porque no tienes madurez democrática”.
Valditara seguirá adelante. “No me dejo intimidar por nadie, tengo el deber de velar por el respeto a la ley, la Constitución y el pluralismo en las escuelas, para que no haya propaganda ni adoctrinamiento”. Los inspectores determinarán si “se violó alguna regla” con la intervención de Albanese. Y si existen responsabilidades de las autoridades escolares. Pero mientras tanto el ministro está fijando otros puntos. No a teorías como “para niños de ocho años”.
No a una educación sexual salvaje, es decir sin verdaderos expertos, “psicólogos y no una asociación cualquiera”. Sí más bien a las reglas de conducta entre los tribunales, “porque autoridad no significa autoritarismo”. Ovación del público, colas ante los puestos culinarios.