“La Iglesia” está “investida de la misión de pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e impide su desarrollo y para tomar una posición a favor de los pobres, los explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que sufren, en cuerpo y espíritu”. Lo dijo alto y claro el Papa, refiriéndose al Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, con motivo de la audiencia general en la Plaza de San Pedro. Comentarios que llegan tras el nuevo ataque del presidente estadounidense Donald Trump, y la respuesta de Leone, anoche, de Castel Gandolfo, que recordó que “la Iglesia se pronuncia desde hace años contra todas las armas nucleares”, diciendo: “Si alguien me critica, que lo haga con sinceridad”. “Signo y sacramento del Reino – observó en la catequesis de hoy – la Iglesia es el pueblo de Dios en peregrinación sobre la tierra que, a partir de la promesa final, lee e interpreta la dinámica de la historia a partir del Evangelio, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando, con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la humanidad y su Reino de justicia, de amor y de paz, a la salvación en Cristo”. Leone recordó que “los creyentes en Cristo caminan en esta historia terrena, marcada por la maduración del bien pero también por las injusticias y el sufrimiento, sin ilusión ni desesperación; viven guiados por la promesa recibida de “Aquel que hace nuevas todas las cosas””.
“La Iglesia no se anuncia a sí misma, al contrario, todo en ella debe tender a la salvación en Cristo”, subrayó. “En esta perspectiva – observó – la Iglesia está llamada a reconocer humildemente la fragilidad humana y la fugacidad de sus propias instituciones que, aunque están al servicio del Reino de Dios, llevan la figura efímera de este mundo. Ninguna institución eclesial puede ser absolutizada, de hecho, puesto que viven en la historia y en el tiempo, están llamadas a la conversión continua, a la renovación de las formas y a la reforma de las estructuras, a la regeneración continua de las relaciones, para que correspondan verdaderamente a su misión”.
“La Iglesia es el ‘sacramento universal de salvación’, es decir, signo e instrumento de esta plenitud de vida y de paz prometida por Dios”, subrayó el pontífice, citando la “importante declaración” contenida en la Constitución Lumen Gentium. “Esto significa – dice – que no se identifica perfectamente con el Reino de Dios, sino que es el germen y el comienzo, porque el cumplimiento sólo se dará a la humanidad y al cosmos al final”.
“La Iglesia es signo e instrumento de
plenitud de las promesas de Dios. Como pueblo peregrino de Dios, la Iglesia interpreta la historia a través del prisma del Evangelio y habla con decisión contra todo mal”, concluyó León XIV, saludando a los fieles en inglés.