Pesado de llevar, banal u original, objeto de orgullo o vergüenza… Todos vivimos con un nombre. Sí, pero ¿cómo? Antes de abrir su restaurante, Priscilla Quang, de 38 años, era abogada. De escuela en facultad de derecho, sintió la discriminación social que suscitaba este atributo de su “doble cultura americanizada”.
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