Un paso más hacia el esfuerzo bélico. En Estados Unidos, la administración Trump está intensificando las conversaciones con los principales grupos industriales para alentarlos a involucrarse más en el esfuerzo de producción militar, reveló el miércoles por la noche el Wall Street Journal.
Durante varios meses, los funcionarios del Pentágono han estado hablando con los líderes de grandes grupos, como General Motors y Ford. El objetivo: evaluar hasta qué punto estas empresas podrían movilizar sus fábricas y empleados para producir equipos militares, municiones e incluso tecnologías de defensa.
Estas discusiones siguen siendo exploratorias en esta etapa, pero se llevan a cabo en un contexto de intensa presión sobre las capacidades militares estadounidenses. Los conflictos en Ucrania e Irán han contribuido a una grave merma en las existencias, lo que llevó a Washington a buscar soluciones rápidas para aumentar los volúmenes de producción. Por lo tanto, la administración quiere confiar en actores industriales no tradicionales para complementar los grandes grupos de defensa.
El Pentágono solicita una ampliación del presupuesto
El Pentágono, que aparentemente había comenzado a acercarse a grandes grupos incluso antes del inicio del conflicto en Oriente Medio, habla ahora de una situación cercana a una economía de guerra. “Jogging en tiempos de guerra”, ilustrado por el Secretario de Defensa Pete Hegseth. Detrás de esta fórmula, hay una ambición: acelerar la producción de equipos esenciales como misiles, drones o sistemas anti-drones, fortaleciendo al mismo tiempo las capacidades industriales nacionales.
El Pentágono solicitó recientemente un aumento presupuestario que llevaría el presupuesto de defensa a 1,5 billones de dólares, un récord, para aumentar la inversión en la producción de municiones y drones.
Los fabricantes implicados no empiezan de cero. Algunas, como Oshkosh o GE Aerospace, ya trabajan ocasionalmente con el Departamento de Defensa. Pero su actividad suele ser marginal en comparación con el volumen de negocios global. Por tanto, el desafío es saber si pueden ampliar su escala rápidamente y en qué condiciones.
Un recuerdo de la Segunda Guerra Mundial
Por ello, las autoridades estadounidenses pidieron a las empresas que identificaran los posibles obstáculos a esta transición: limitaciones contractuales, complejidad de las licitaciones o incluso adaptación de las cadenas de producción.
El objetivo es claro: eliminar obstáculos para acelerar una posible reconversión parcial de la industria civil hacia usos militares.
Este escenario no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Para la Segunda Guerra Mundial, las fábricas de automóviles de Detroit habían pasado de producir automóviles a producir bombarderos, motores de aviones y vehículos militares. Una referencia tomada hoy por algunos líderes políticos.