Porque el problema, explica la asociación, no es sólo encontrar trabajo. Los jóvenes exigen vivienda, transporte eficiente, servicios, espacios públicos, lugares de encuentro. Es decir, piden que vivir en la ciudad no signifique renunciar a las oportunidades que ofrece la ciudad. Se trata de un desafío que va mucho más allá del sector agrícola y concierne al futuro mismo de la España rural.
Pero si Andalucía cuenta la historia, es en Cantabria donde esta transformación está tomando forma. Aquí, entre pastos verdes y pequeñas explotaciones familiares, una nueva generación de empresarios agrícolas está experimentando con modelos de producción radicalmente diferentes a los de sus padres. Hay quienes han transformado la antigua granja familiar en una quesería artesanal abierta a las escuelas y quienes gestionan cientos de cabezas de ganado mediante robots, sensores y aplicaciones instaladas en teléfonos inteligentes. Dos historias diferentes, unidas por una misma convicción: el futuro de la agricultura no depende de la nostalgia, sino de la innovación.
De la leche al queso: cuando el agricultor se convierte en emprendedor
En Cantabria, Luis Pérez Portilla, de 35 años, transformó la empresa familiar en un laboratorio de innovación. Los abuelos criaban ganado, mientras que la siguiente generación abandonó paulatinamente la actividad. Él y su hermano eligieron un camino diferente: estudiar, adquirir experiencia en el extranjero (Luis trabajó en Francia aprendiendo de los mejores productores de leche) y luego regresar.
Pero este retorno no significa simplemente recuperar el patrimonio familiar. En 2018, los dos hermanos abrieron la quesería El Pendo, introduciendo vacas Jersey, más aptas para la producción lechera, y optando por procesar directamente parte de la leche producida. Hoy, la empresa no sólo vende materias primas: produce quesos artesanales, gestiona la distribución, participa en los mercados locales y organiza visitas educativas para escuelas y familias.
“Necesitamos diversificarnos. Nuestro objetivo no es simplemente alcanzar el punto de equilibrio, sino poder ganarnos la vida con este trabajo”, explica Luis. Su empresa integra la venta de leche a la industria con procesamiento, venta directa, producción de carne y actividades educativas, modelo que hoy le permite sustentar a tres familias. Los residuos del procesamiento también se recuperan: el suero residual se utiliza como fertilizante, en una perspectiva de economía circular.