“Éramos quizás unas cien personas, en su mayoría abuelos, padres y muchos niños, todos nos conocemos porque vamos a los mismos colegios”, explica. “Alrededor de las 6:30 p.m., escuché lo que parecían fuegos artificiales. Pero me di vuelta y vi un cuerpo caer, así que supe que era otra cosa”.