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El concejal decide entonces enviar un mensaje contundente. “Hay conversaciones que nos gustaría no tener”, admite inmediatamente, mientras desde hace una semana su ciudad “vive con asombro”. “Somos una ciudad enfadada, un territorio enfadado, un país enfadado”, afirma con voz clara, dejando el papel de concejal rural para asumir el de valiente alcalde, elegido en marzo para su primer mandato.

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