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Después de criticar al gobierno y, de paso, también a un ministro del Interior y a un subsecretario de la Liga por haber acogido como una gran concesión el envío de sólo 180 nuevos policías a Lombardía de los 3.000 que entraron en servicio (sólo el 6%), el gobernador Attilio Fontana aumentó una vez más el volumen de sus peticiones a los palacios romanos. Esta vez la demanda es una mayor atención a la autonomía y al federalismo fiscal, de los que Lombardía ya no puede prescindir. La oportunidad la brindan las estimaciones de Confcommercio que “confirman su papel como principal motor del crecimiento italiano”. Y esto, según el gobernador, “en un contexto internacional todavía marcado por fuertes incertidumbres”. Lo que demuestra cómo “nuestro territorio sigue destacando por su capacidad productiva, su innovación, su competitividad y su responsabilidad con el país”. Lo demuestran las cifras que hablan de un aumento del 1,2 por ciento del PIB y de un aumento del 1,8 por ciento del consumo esperado en 2026, “resultado de la fortaleza del sistema lombardo: empresas dinámicas, cadenas de suministro sólidas, capacidades, inversiones en investigación, formación y una fuerte vocación exportadora. Un crecimiento que no sólo concierne a Lombardía, sino que contribuye decisivamente al desarrollo del país”. Pero “al mismo tiempo, el informe destaca un hecho que merece atención: la brecha entre el Centro-Norte y el Sur continúa ampliándose”. Y aquí, la vena cauda. “Esto – Stiletta Fontana – no hace más que confirmar lo que venimos diciendo desde hace años: el centralismo no ayuda, pero frena el desarrollo del país que, por el contrario, a través de la autonomía, acentuaría las diferencias entre los territorios, desencadenando una sana competencia que conduciría al crecimiento para todos”. La respuesta “no es, por tanto, frenar el crecimiento de los territorios, sino poner a todas las regiones en condiciones de ser competitivas, invertir y crear empleo.

La respuesta es una verdadera autonomía que presupone la voluntad de hacerse cargo de quienes administran y un verdadero federalismo fiscal que distribuya los recursos de manera más eficiente y útil a los territorios, a través de una colaboración leal con el Estado.

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