Este no es el momento adecuado para Pedro Sánchez. Entre sus familiares y compañeros de partido, el líder español está rodeado de investigaciones, juicios y acusaciones de corrupción, como es sabido. Pero ni siquiera la satisfacción personal es exorbitante. Sólo piensa en lo que le pasó a Pamplonala ciudad que dio el pistoletazo de salida a los Sanfermines 2026 con el tradicional Chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento. La habitual marea rojiblanca llenó el centro histórico, pañuelos al cuello, una plaza abarrotada y una espera vertiginosa por el cohete que inaugura la fiesta más emblemática de Navarra. Pero también este año, incluso antes de que estallara el Chupinazo, quienes hicieron ruido fueron los cánticos contra el primer ministro.
Como lo demuestran los numerosos vídeos publicados en Internet, la multitud lanzó una protesta dura y explícita, señal de un descontento que ahora acompaña al Primer Ministro socialista mucho más allá de los límites de la política oficial. No sólo manifestaciones, no sólo concentraciones: la protesta llega también a una de las fiestas populares más famosas de España. “Pedro Sánchez, hijo de Puta”o “Pedro Sánchez, hijo de puta”, el estribillo coreado por miles de personas.
Y no es casualidad que esto suceda en Pamplona. Los sanfermines son inseparables de la imaginería de los toros, una tradición que parte del gobierno de Sánchez ve con creciente hostilidad. La batalla cultural contra el toreo, relanzada por el Ministerio de Cultura con la cancelación del premio nacional dedicado al toreo, ha alimentado aún más el choque entre quienes lo consideran un ritual a archivar y quienes lo defienden como un elemento de identidad española.
El Chupinazo se convierte así también en una fotografía política. Por un lado, el gobierno que intenta reescribir el catálogo de tradiciones aceptables, por el otro, un lugar que responde con el lenguaje soez de las fiestas populares. Sánchez no estuvo en el balcón del Ayuntamiento, pero aun así su nombre acabó cobrando protagonismo.
Por supuesto, la fiesta continuará. Pamplona correrá, beberá, cantará y celebrará San Fermín. Pero estas canciones dicen algo más profundo: en España la tensión ya no permanece encerrada en los edificios. La multiplicación de estos coros refleja El clima de tensión y polarización que reina en el país..
Lo que alguna vez estuvo reservado casi exclusivamente para las protestas ahora se está expandiendo a otros espacios que acogen a grandes multitudes. Baste decir que el mismo lema fue coreado por cientos de aficionados españoles en Los Ángeles para apoyar a la selección de De La Fuente en la Copa Mundial de la FIFA. No es la mejor manera de aterrizar en Hollywood.