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Bruselas quiere recuperar el control de las frecuencias de satélite en Europa. La Comisión Europea prevé reservar gran parte del espectro a operadores europeos, en detrimento de los operadores históricos americanos.

Las frecuencias móviles por satélite, consideradas durante mucho tiempo un tema técnico reservado a los reguladores, se están convirtiendo en una importante palanca estratégica en el creciente enfrentamiento entre Bruselas y Washington sobre tecnologías críticas.

La Comisión Europea anunció el miércoles que quería reservar a las empresas europeas dos tercios de las frecuencias dedicadas a los servicios de telecomunicaciones móviles por satélite, actualmente gestionados en particular por los operadores estadounidenses Viasat y Echostar. Estas bandas situadas en torno a los 2 GHz, asignadas en 2009, expiran en un año.

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Bruselas, sin embargo, optó por evitar una ruptura brutal. Las licencias se ampliarán dos años para dar tiempo a un nuevo procedimiento de asignación, lo que marca un claro cambio estratégico a favor de los operadores europeos.

Un giro hacia la preferencia europea

En su nueva arquitectura, la Comisión pretende en primer lugar reservar un tercio de estas frecuencias para usos gubernamentales, civiles o militares, en particular para conectar las zonas llamadas “blancas”, aún no cubiertas por redes terrestres.

Estas capacidades deberán necesariamente ser gestionadas por un proveedor europeo, precisó la Comisión, en una elección directamente vinculada a cuestiones de seguridad y autonomía estratégica. La infraestructura también debe ser compatible con la futura red IRIS², diseñada para proporcionar a los Estados miembros comunicaciones seguras en situaciones de crisis.

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A este respecto, la vicepresidenta de la Comisión responsable de Asuntos Digitales, Henna Virkkunen, asume plenamente la dimensión geopolítica de la cuestión. Barajando las cartas en una banda de frecuencia” vital para nuestros ciudadanos, empresas y estados, (…) hoy tenemos una oportunidad única de elegir nuestro futuro », defendió Henna Virkkunen. La Comisión añade que quiere “fortalecer la competitividad y la seguridad de Europa y desarrollar nuevas posibilidades tecnológicas, todo ello teniendo en cuenta el actual contexto geopolítico en evolución“.

Un compartir más equilibrado

Más allá de los usos públicos, las frecuencias restantes destinadas a servicios comerciales se distribuirán equitativamente entre operadores europeos y no europeos. Una apertura que deja la puerta entreabierta a los principales actores estadounidenses del sector espacial y de las telecomunicaciones, como Starlink o Amazon, que también son potenciales candidatos a estas licencias.

Pero esta apertura controlada pretende sobre todo estructurar un mercado europeo aún fragmentado y favorecer la aparición de campeones capaces de competir con los gigantes americanos del espacio y de la nube.

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Detrás del aparente tecnicismo de la cuestión se esconde una batalla por la soberanía digital. Las frecuencias de satélite se están convirtiendo en un activo estratégico al igual que las infraestructuras en la nube o las tecnologías de inteligencia artificial. Estas propuestas aún tendrán que ser validadas por los Estados miembros y el Parlamento Europeo, pero forman parte de una dinámica más amplia de reorientación de las políticas industriales europeas.

Washington en alerta

De hecho, Bruselas tendrá que presentar la próxima semana nuevas medidas destinadas a dar una mayor prioridad a los proveedores europeos en los mercados de la nube pública y de la inteligencia artificial, continuando el apoyo al “Made in Europe” ya iniciado en el sector del automóvil y otros sectores industriales.

Este cambio ya suscita preocupación en Washington, donde la administración estadounidense teme una restricción del acceso de los grupos tecnológicos estadounidenses a los mercados públicos europeos. Para los gigantes digitales y espaciales, la perspectiva de que se cierre una parte de los contratos europeos representa un desafío económico importante.

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