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El comienzo de la década de 2020 trajo a Francia graves decepciones en sus posiciones y, por tanto, en su política africana. La influencia altamente orquestada de Rusia contribuyó sustancialmente. Casi tres años después del último golpe de Estado en Níger, ¿cuál es la situación diplomática y militar de Francia en el continente? ¿Cómo han evolucionado las posiciones rusas?

La próxima cumbre “Africa Forward”, importante evento económico para la cooperación franco-africana, coorganizada por Francia y Kenia en Nairobi, ofrece una oportunidad para hacer balance.

Por Gerard Vespierre

El estallido de tres golpes de Estado, entre 2021 y 2013, en Mali, Burkina Faso y Níger ha levantado una triple alarma diplomática y militar para Francia en el continente africano. Las causas internas giran en torno a un desarrollo socioeconómico muy insuficiente, iniciativas limitadas de los gobiernos locales y el nivel de corrupción. Estos factores han sido utilizados por movimientos yihadistas y autonomistas contra gobiernos nacionales e impulsados ​​por Rusia. Sus soldados, en Mali, se vieron obligados a evacuar la ciudad de Kidal, ocupada por la rebelión tuareg. Esta situación muestra un aumento del nivel de amenaza en todos los estados del Sahel.

A las causas internas de la región del Sahel se sumó una situación diplomática y militar francesa global, que seguía su curso. Francia no ha tenido suficientemente en cuenta la fuerza de todas las dinámicas en curso y su velocidad de difusión.

Una ex modelo francesa sin aliento

Con base militar y una importante huella militar, este modelo y activo se ha transformado gradualmente en un pasivo estratégico. Este cambio no se produjo por fallas operativas militares, sino porque reflejaba la imagen política de una relación de tutela. Sin embargo, tal modelo es lo opuesto a las aspiraciones naturales pero particularmente fuertes de soberanía del continente. Entre 2020 y 2023, la presencia de bases permanentes fue explotada sistemáticamente, en varios países de África Occidental y el Sahel, tanto a través de las redes sociales como durante manifestaciones populares.

La cooperación militar con Francia se convirtió así en un tema político de protesta, desconectado de la realidad militar sobre el terreno.

Esta situación se ha visto amplificada por actores externos, principalmente Rusia y sus redes. La visibilidad del sistema francés se ha transformado, a través de la comunicación, en una fuerza desestabilizadora. El resultado fue una contestación estructural: por lo tanto, no se podía mantener una presencia militar permanente y de alta visibilidad, porque generaba un costo político desproporcionado. Además, debilitó a los gobiernos socios que, a su vez, fueron acusados ​​de alienar la soberanía nacional de Francia.

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Ilustración del boletín Ma Tribune

Este análisis racional tenía que transformarse en acción.

Los tres pilares de una transformación controlada

El primer giro giró en torno al cierre de bases militares en Mali (Gao, Kidal), Burkina Faso (Ouagadougou), Chad, Senegal, Costa de Marfil y Gabón. Estos cierres demostraron muy concretamente un cambio de lógica y de política. De este modo, Francia ha pasado, en muy poco tiempo operativo, de una presencia “instalada” permanente a una presencia “móvil”, modulada y concertada.

Nuestra presencia, antes permanente, se ha convertido en “geometría variable”, basada en destacamentos temporales, adaptados a las necesidades expresadas por nuestros socios, y no necesariamente ubicados en el corazón de las capitales…

Un segundo giro consistió en la creación de una nueva estructura de mando, el Comando África (CPA), que sustituyó a los antiguos cuarteles generales establecidos en los países africanos. Proporciona una visión unificada y coherente de todas las asociaciones en África occidental y central. De este modo, los ejércitos franceses evitan enfoques fragmentados por país y aumentan su capacidad para anticipar las crisis. Esta centralización nos permite leer la dinámica de la seguridad, ya no en la “gestión nacional”, sino en la “gestión regional”. Esta solución responde al problema de la yuxtaposición de decisiones bilaterales, a menudo compartimentadas, que plantea el antiguo modelo.

El tercer eje gira en torno a una inversión en la percepción de las asociaciones. Con la desaparición de las bases permanentes, la cooperación militar ya no se considera impuesta por Francia, sino solicitada por los propios Estados africanos y adaptada a sus prioridades nacionales. Este cambio radical supuso exigencias tanto en la formación del Estado Mayor como en el trabajo de planificación operativa. Francia ya no aparece como autoridad organizadora, sino como colaborador técnico, elegido por sus competencias y su valor añadido.

Resultados operativos

Numerosos ejemplos operativos nos permiten ilustrar concretamente el dinamismo del nuevo sistema, su diversidad y su disponibilidad para los países de habla inglesa.

A petición de las Fuerzas Armadas de Costa de Marfil, la asociación francesa se reconfiguró para cubrir todos los componentes de su fuerza aérea. Desde noviembre de 2024, una decena de aviones franceses (A400M, C-130J, Mirage 2000D, A330 MRTT) han participado en un ejercicio aire-tierra organizado por las fuerzas marfileñas. En abril-mayo de 2025, los dos ejércitos se entrenaron conjuntamente en operaciones aire-tierra con intercambio de certificados de paracaidista. “Este tipo de asociación es exactamente lo que necesitamos”, confirma el general Koffi N’Guessan Alfred, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Costa de Marfil.

Con Nigeria y sus 220 millones de habitantes, Francia desarrolla una cooperación militar estratégica, centrada en la lucha contra Boko Aram en la cuenca del lago Chad y en la seguridad marítima en el Golfo de Guinea. La reciente visita del jefe del gabinete privado del Presidente de la República a Abuya demuestra la importancia de esta relación. Nuestro país proporciona imágenes satelitales y capacita a analistas para interpretar la información que contienen. Esta asociación estratégica de primer nivel confirma la capacidad de Francia para ampliar su sistema más allá de los países francófonos.

En noviembre de 2024, el Gran Ejercicio Africano NEMO, un importante evento de coordinación de seguridad en el Golfo de Guinea, reunió a 25 países socios y 55 barcos. El objetivo de este ejercicio es mejorar la formación y los procedimientos en la lucha contra el tráfico ilícito, la piratería y la pesca ilegal. Francia confirma así su capacidad de movilizar y coordinar vastas operaciones marítimas africanas, a lo largo de 5.700 kilómetros de costa desde Senegal hasta Angola.

También se confirma la validez del redespliegue estratégico francés en todo el continente.

Ganancias estratégicas reales

“No queremos tutores. Queremos socios que confíen en nosotros y nos permitan desarrollar nuestras capacidades. Esto es exactamente lo que nos permite este nuevo marco”, afirmó un alto oficial de las Fuerzas Armadas de Costa de Marfil.

La reducción de la huella militar visible ha producido un efecto tranquilizador político mensurable. La asociación militar con Francia ha dejado de ser un tema central del debate y ha devuelto espacio político a los gobiernos socios. La reconfiguración de la cadena de mando, combinada con la modularidad de las asociaciones, permite la mejor asociación de acciones de seguridad, cooperación y combinación información-influencia, donde el antiguo sistema, demasiado visible, neutralizaba cualquier maniobra.

Otra innovación del nuevo sistema estratégico francés, y de gran importancia, consiste en su deliberada descompartimentalización geopolítica y lingüística. La asociación con Ghana de habla inglesa en la lucha contra la extracción ilegal de oro, la cooperación estratégica con Nigeria de habla inglesa, la formación conjunta de todos los países del Golfo de Guinea o con Guinea de habla inglesa contra la amenaza de los grupos terroristas armados, expresan claramente la voluntad francesa de actuar de ahora en adelante como socio continental y ya no sólo en la zona de habla francesa.

La celebración en Nairobi de la cumbre “Africa Forward”, organizada en colaboración con Kenia, ilustra las capacidades y el deseo de Francia de implicarse en el desarrollo global del continente.

Francia logró lograr una revolución silenciosa en su estrategia y política africana, en un período de tiempo muy corto. Sus ejércitos han demostrado una capacidad, inesperada para muchos, de transformar una situación de crisis en una oportunidad estratégica para revertir una espiral negativa e innovar. Es cierto que tenemos cierta experiencia en el arte de las revoluciones. Pero esta vez parece que hemos pasado de los gritos a los susurros.

Analista geopolítico, graduada del ISC París, financiera DEA Dauphine PSL, fundadora del medio web www.le-monde-decrypte.com, columnista del IDFM 98.0, locutora habitual en radio y televisión.

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