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Ignacio Riccio
Las tensiones en los mercados energéticos, alimentadas por el enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos y el continuo cierre del Estrecho de Ormuz, también están empezando a tener un impacto en los viajes aéreos. Las empresas, pese a que no existe una emergencia real de suministro, están preparando planes de contingencia para hacer frente a un posible empeoramiento de la situación en las próximas semanas, con el objetivo de contener los costes y garantizar la continuidad operativa. Las primeras directrices, resultantes de comparaciones entre transportistas y relanzadas por el “Corriere della Sera”, prevén un enfoque selectivo y progresivo. Entre las medidas más inmediatas está la reducción de vuelos en los horarios centrales del día, considerados menos estratégicos en términos de ocupación y rentabilidad. La idea es concentrar la oferta en las franjas horarias más populares, primera hora de la mañana y última hora de la tarde, para mantener factores de carga elevados y limitar el desperdicio de combustible. Al mismo tiempo, estamos considerando remodular la oferta a lo largo de la semana. Los días con menor demanda, como martes, miércoles y sábado, pueden ser los primeros en experimentar reducciones de vuelos o fusiones. Sin embargo, los días de mayor tráfico -lunes, viernes y domingo- y cruciales tanto para los flujos turísticos como para los vinculados a los viajes de negocios, permanecerían sustancialmente intactos. La situación es más incierta el jueves, que podría incluirse entre los días sujetos a intervenciones específicas. Otro capítulo relevante se refiere a la revisión de rutas. Las empresas ya están identificando una lista de conexiones “prescindibles”, empezando por aquellas con márgenes reducidos o tasas de cobertura insatisfactorias. Se apunta especialmente a las rutas nacionales, donde la presencia de alternativas ferroviarias, en particular la alta velocidad, permite una mayor flexibilidad en las reducciones sin comprometer demasiado la movilidad de los pasajeros. La situación es diferente para las conexiones con las islas, consideradas esenciales: en estos casos, el objetivo es mantener al menos una frecuencia diaria, aunque eso signifique reducir el número total de vuelos.

Ryanair es una de las compañías que más activamente trabaja en estas simulaciones. Su director general, Michael O’Leary, aclaró que se trata de escenarios por el momento hipotéticos, sin que se haya tomado ya ninguna decisión operativa. Sin embargo, también destacó cómo el cierre prolongado del Estrecho de Ormuz representa un factor de creciente preocupación para todo el sector, que requiere prepararse a tiempo. Según el directivo irlandés, una posible fase crítica podría aparecer a principios de junio, aunque dependerá mucho de la evolución del contexto geopolítico. La estrategia no es aislada. Otros responsables del sector, aunque mantienen el anonimato, confirman que ya existen listas preliminares de destinos y frecuencias que se reducirán si fuera necesario. Se trata de una labor de planificación que involucra tanto a las compañías aéreas de bajo coste como a las tradicionales, llamadas a lograr un equilibrio entre la sostenibilidad económica y la protección de las conexiones.

A nivel institucional, la posición sigue marcada por la cautela. El Comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas, reiteró que actualmente no hay pruebas de escasez de combustible para la aviación civil. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoció la delicadeza de la situación, subrayando la necesidad de mantener una gran atención y estar preparados para intervenir si la situación se deteriora rápidamente. Mientras tanto, algunas medidas ya han entrado en vigor, aunque de forma limitada. Varias compañías han comenzado a racionalizar su oferta, eliminando o reduciendo las rutas menos rentables y las rutas estacionales con bajas tasas de ocupación. Se presta especial atención a los destinos secundarios y a las rutas caracterizadas por una fuerte competencia, donde los márgenes están más comprimidos. Por ahora, se trata de intervenciones selectivas y progresivas, destinadas a fortalecer la resiliencia del sistema sin generar alarma entre los pasajeros. Pero el sector sigue en alerta: si la crisis energética se intensificara, los planes aún sobre el papel podrían transformarse rápidamente en medidas operativas, con un impacto directo en la oferta de vuelos y en todo el mercado europeo del transporte aéreo.