2J43IDL23RET7JGU3NLXXBSC4E.jpg

Lino, 22 años, se responsabiliza de cuidarse a sí mismo. Un poco de crema hidratante mañana y noche en los brazos y en un rostro armonioso. Y no es él quien lo dice… “Siempre me han dicho que tengo una mandíbula bien formada”, sonríe este estudiante de Tours (Indre y Loira). Ya no le da importancia, pero Lino admite de buen grado un poco de coqueteo hasta el punto de “hablar de cremas con los amigos” de vez en cuando. Porque, por el lado masculino, la Generación Z está atenta a la belleza que la sociedad ha reservado durante mucho tiempo a las mujeres. En TikTok, Instagram y X (antes Twitter), los influencers lo han entendido bien.

Como muchos chicos de su edad, Lino es, sin saberlo, fanático del lookmaxxing, un método reivindicado en Internet para mejorar la apariencia física. Algunos, como Lino, lo utilizan de forma suave e inconsistente, lo que se llama softmaxxing. Pero otros han adoptado una rutina mucho más agresiva, hardmaxxing, para cambiar realmente su rostro y virilizarlo, a veces a expensas de su salud. Problema: la frontera entre ambos es borrosa. Y fácilmente transitable.

Referencia

About The Author