Imaginemos una ciudad que respira, capaz de transformar lo que hoy se considera residuo en recurso. Esta es la visión del emprendedor Giuliano Regonesiquien en su libro Liquid Planet – La biología como infraestructura para la financiación del aire y el climaofrece una nueva perspectiva sobre la transición energética y la adaptación al cambio climático.
Un nuevo punto de vista
Desde el subtítulo, el libro de Regonesi es un programa claro: “la fotosíntesis como nuevo sistema económico global”. En el centro, el proyecto Planeta liquidoun sistema que pretende dar respuesta a un problema medioambiental pero también socioeconómico, mejorando la calidad de vida y las desigualdades entre las personas más o menos expuestas a la contaminación.
La idea es tan simple como ambiciosa: utilizar biotecnología basada en microalgas para capturar CO2, partículas y gases nocivos del medio ambiente, al tiempo que libera oxígeno. Un enfoque diferente de la lucha contra la contaminación atmosférica y el calentamiento global, yendo más allá del único imperativo de reducir las emisiones (que el autor no cuestiona) e integrando esta lucha en desarrollo sostenible.
En el prefacio, firmado por el Ministro de Medio Ambiente y Seguridad Energética Gilberto Pichetto FratínLos desafíos centrales de la visión del libro emergen de inmediato: la crisis climática, la salud, la sostenibilidad de las ciudades y la competitividad del sistema. el proyecto Planeta liquido forma parte de las conexiones entre estos grandes temas y es definido por el ministro como “una de las convergencias más significativas entre biotecnologías avanzadas, salud pública y visión urbana que han surgido en las últimas décadas”.
El lujo del aire
La reflexión parte de un problema evidente. Respirar aire limpio, que debería ser un gesto natural, se ha vuelto cada vez más difícil, especialmente en las zonas urbanas: la alta densidad de población, los edificios que consumen mucha energía y el transporte amplifican el problema. Como contaminación del aire se está convirtiendo en una crisis multifacética, con repercusiones en el medio ambiente pero también en cuestiones sanitarias, económicas y sociales. Al mismo tiempo, el debate público sobre el clima a menudo corre el riesgo de detenerse en el reconocimiento de los problemas, mientras aumenta la demanda de herramientas concretas, mensurables y de gran escala.