Un gran edificio en el corazón de la City, en Londres, con una decoración típica “start-up”: algunos sillones grandes, sofás de colores vivos, paredes de ladrillo… Es desde allí, hasta la sede mundial de Deliveroo, que un “tráfico de personas” Según la denuncia presentada el miércoles 22 de abril, estaría organizado por cuatro asociaciones francesas que representan a los repartidores. La acusación, que también apunta a Uber Eats, marca una nueva escalada en la larga batalla legal entre las plataformas de entrega de comidas y Little Hands, que andan en bicicleta en las principales ciudades del mundo.
Existe un contraste sorprendente entre Uber y Deliveroo, dos multinacionales anglosajonas, y la realidad de sus repartidores sobre el terreno. Uber, empresa que cotiza en la Bolsa de Nueva York, tiene una valoración de 150.000 millones de dólares (128.410 millones de euros). Por su parte, la británica Deliveroo fue comprada en 2025 por 2.900 millones de libras (3.300 millones de euros) por la estadounidense DoorDash, empresa que cotiza en Nasdaq, la bolsa de valores tecnológica. Este segundo tiene un valor de 79 mil millones de dólares. En el centro de sus actividades se encuentran cientos de miles de repartidores en bicicleta, a quienes estos grupos se niegan a considerar empleados.
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