Es una madre exhausta la que toma el micrófono el lunes 4 de mayo en el gran anfiteatro de la facultad de Assas (París VI). Las palabras están teñidas de amargura y resentimiento, mientras que en el podio los representantes de la asociación de padres de la escuela alsaciana (APEEA) parecen sorprendidos y abrumados por la agitación que reina en la sala.
“Mi ira es legítima. Es vergonzoso cómo os habéis comportado con los padres durante meses. Es vergonzoso cómo nos escribís”, se enfurece el orador mientras los demás participantes aplauden y golpean sus pupitres como en una asamblea de estudiantes.