Este extraño descubrimiento comienza con un resplandor verde, casi irreal, en medio de la piedra caliza gris de los Pirineos españoles. En esta cavidad situada a 2.335 metros sobre el nivel del mar, un equipo de investigadores españoles descubrió casi 200 fragmentos de malaquita. No se trata de una simple coincidencia geológica, ya que esta piedra no tiene nada que ver allí. Habría sido transportado a lomos de un hombre por un motivo muy concreto: estos fragmentos son testigos de una auténtica epopeya industrial ante litteram, que comenzó en el Neolítico y se prolongó durante casi 4.000 años.
Los mineros neolíticos habrían subido por los empinados senderos, cargados de minerales y leña. Las excavaciones revelan que el lugar no era un refugio de tránsito, sino un verdadero centro de procesamiento metalúrgico. Los arqueólogos encontraron allí, entre otras cosas, fosas de quemado y restos de abundante carbón vegetal. Para transformar la malaquita en cobre era necesario controlar el fuego con una precisión formidable, un saber hacer transmitido de generación en generación.
En un estudio reciente difundido por LiveScience, el equipo liderado por Carlos Tornero, de la Universidad Autónoma de Barcelona (España), levanta el velo sobre esta compleja organización social. “Por primera vez en el Pirineo hemos documentado ocupaciones prehistóricas de alta montaña de notable intensidad, caracterizadas por actividades reiteradas y explotación directa de recursos minerales dentro de la cueva”explica el investigador. El pico de actividad se habría producido entre el 3.600 y el 2.400 a.C., en plena Edad del Cobre.
Además de restos de actividad metalúrgica, las excavaciones permitieron la exhumación de un diente de leche, lo que sugiere que en estas expediciones también participaron familias enteras, o al menos niños. Se han desenterrado objetos más íntimos, como un colgante hecho con un diente de oso pardo y otro tallado en una concha.
Un saber hacer transmitido desde hace milenios
¿Cómo explicar que un sitio así haya podido ser explotado durante cuarenta siglos? La respuesta sin duda está en la memoria colectiva de la gente de la época. Julia Montes-Landa, arqueóloga de la Universidad de Granada (España), destaca que el uso del fuego sobre estos fragmentos de roca verde no fue casual: “Esto sugiere claramente que el fuego jugó un papel importante en su transformación y que hubo una intención deliberada detrás de ello. En otras palabras, no fueron quemados por accidente”.
Este descubrimiento trastorna por completo nuestra visión de los Pirineos prehistóricos. Durante mucho tiempo se creyó que las altas montañas eran un territorio hostil, evitado por nuestros antepasados. En realidad, quizás los líderes estaban mucho más integrados en su forma de vida de lo que pensamos. Cada verano, el regreso a la cueva marcaba sin duda un momento culminante en la vida social y económica del grupo.
El trabajo de los arqueólogos está lejos de terminar. El equipo planea continuar excavando durante varios años para comprender cómo estos mineros administraban sus suministros de combustible en un entorno donde la madera era escasa. También quieren confirmar si, como sospechan, la cueva también sirvió como lugar de entierro para los que murieron durante la temporada minera.
“Este yacimiento demuestra que los Pirineos no eran un territorio marginal para las comunidades prehistóricas, sino un espacio plenamente integrado en sus estrategias de movilidad y explotación territorial”concluye Carlos Tornero.